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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

Dios es redondo

hace 1 hora
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  • Dios es redondo
  • Dios es redondo

Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano

Aún no he visto los penales del Colombia–Suiza. Me vi los 120 minutos, pero cuando iba a comenzar la tanda de penalties, me paré del sitio donde estaba viendo el partido y me fui a casa. Quería que, al llegar, mi esposa me dijera qué había pasado: ojalá victoria, aunque intuía derrota. Fue lo segundo.

Todavía no sé por qué la Selección, más que el fútbol, me afecta tanto. Un amigo me dijo durante el partido que “nunca me había visto tan callado”. Le devolví apenas una mueca sorda. He llorado más por la Selección que por el corazón —lo que también habla de la mucha suerte que he tenido con mi matrimonio. Mi primer recuerdo de un desamor futbolístico es de las eliminatorias del 2006 cuando Uruguay nos ganó 3-2 en la última jugada: el empate nos bastaba para ir a Alemania. Iba a ser mi primer Mundial de Colombia plenamente consciente. Y me lo quitaron.

Fiel a mi premisa de “ser un optimista, porque no parece muy útil ser otra cosa”, con la derrota aún atragantada me puse a buscarle el lado positivo: nos fuimos del Mundial invictos y en el top 10. No parece malo. Pero quería más. Y sé que todos queríamos más.

“La mentalidad perdedora” fue el comodín con el que muchos hinchas intentaron explicar la eliminación. Pero creo que se equivocan: hubiera bastado un cabezazo algo más bajo de Dávinson o un remate algo más preciso de Campaz para celebrar —con una mentalidad que hubiera sido exactamente la misma. De hecho, quienes sí saben de fútbol, como Falcao, hablan de que el salto que nos falta dar es institucional: más en los directivos que en los jugadores.

Todas las naciones verdaderamente exitosas en el fútbol han atravesado primero su propia oscuridad. Lo hizo España cuando pasó de ser “la furia roja” que eliminaban siempre en cuartos a la selección del tiki-taka que ganó un Mundial y dos Euros seguidos. O Brasil, que superó el trauma del Maracanazo de 1950 y quedó campeón del mundo poco después de la mano de un adolescente llamado Pelé.

Por eso, aunque la semana después de una derrota no parezca ser el momento más propicio para sugerirlo, tengo el convencimiento que Colombia será campeón del mundo este siglo. En inglés se dice que los éxitos ocurren “first gradually, then suddenly”: primero de a poco, y luego de repente. Por eso ofrezco esta perspectiva: hasta 2014 Colombia había jugado 4 de 19 mundiales, ganado solo 3 de 13 partidos con una efectividad del 28% en puntos. Desde 2014 hemos jugado 3 de 4, ganado 9 de 14 partidos y todo con una efectividad del 71%. Hasta 2014 nuestra mejor posición fue un puesto 14 entre 24; ahora que nos fue “mal” fuimos #10 entre 48. Cambio notable.

Sé que queremos ganar el mundial para enorgullecernos de Colombia. Pero tomando una idea prestada: “no podemos esperar a que la selección gane para sentirnos orgullosos de Colombia; hay que sentirnos orgullosos de Colombia para ganar”. Quizás si hay un problema de mentalidad, pero de los hinchas: queremos que la Selección nos dé algo que realmente debemos darle nosotros a ellos primero: la certeza de que sí somos grandes.

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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

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