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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

¿Trabajar? Mucho, gratis y por Colombia

hace 2 horas
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Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano

Durante el Brexit, investigadores en Inglaterra descubrieron algo fascinante: aunque tres de cada cuatro británicos leyeron noticias políticas la semana previa al referendo, estas apenas representaron 3% de lo que consumieron. El votante promedio dedicó apenas tres minutos diarios a hablar de política —los jóvenes uno—. En la antesala de la decisión más importante del Reino Unido en medio siglo, a la gente le interesaba más el fútbol, la realeza y el pronóstico del tiempo. El mensaje es brutal: más allá de titulares, a la gente del común la política le importa poco. Nunca le ha importado mucho.

Si eso pasa en Inglaterra, imagínense en Colombia. Acá el votante promedio llega a las urnas “con un océano de conocimiento de un centímetro de profundidad”. Y cuando pienso que quienes votan el futuro están más pendientes de Yerri Mina que de la minería ilegal, concluyo algo impopular: qué falta nos hace una buena élite.

Ojo: élite no es aristocracia ni establecimiento. Los aristócratas son unos pocos que ganaron en el pasado y quieren conservar lo suyo. El establecimiento son los poderosos de turno, ocupados en mantener su poder. La élite es otra cosa. Son académicos que piensan en los problemas de la sociedad y no solo en los de su nicho. Ciudadanos que se activan por causas o campañas. Profesionales que estudian, se informan, comparten y se organizan para intentar resolver problemas que nos afectan a todos pero que a nadie más le quita el sueño. Piénsenlo como los deportistas de alto rendimiento: nacen en cualquier barrio, de cualquier origen, pero se exigen como nadie. No todos los niños quieren entrenarse como Messi. Y eso está bien. Pero sin esos pocos que sí lo hacen, no hay selección que valga.

Lee Kuan Yew transformó a Singapur en una generación. No lo hizo solo: reclutó a los mejores de cada rincón del país —ingenieros, economistas, médicos, administradores— y los puso a diseñar políticas públicas con rigor de cirujano. No eran aristócratas ni herederos: eran élite en el mejor sentido. Gente cuya preocupación por el país estaba arriba en sus prioridades. Y trabajaban medio gratis: no tanto por el sueldo público como por el patriotismo de que podían cambiar las cosas.

Colombia necesita eso. Y la buena noticia es que esa élite ya existe, aunque dispersa y a veces invisible. Está en los tecnócratas que producen propuestas serias, en columnistas que argumentan con datos, en empresarios que financian becas, en podcasteros interesados en nuestra historia, en jóvenes nerdos y comprometidos. Son las abejas altruistas de un país no diseñado a premiarlo. Lo que nos falta no es talento sino darle a esa élite emergente el reconocimiento y el espacio que merece —en vez de confundirla con lo malo del establecimiento—.

La próxima vez que oiga la palabra “élite”, no piense en los de siempre. Piense en los que un domingo en la noche andan en un foro hablando de cómo resolver un problema de país, sin que nadie lo pida o les pague. Al final, Colombia necesita ese acto revolucionario de trabajar mucho, gratis y por ella.

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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

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