Esa noche escuché los pasos presurosos de los guerrilleros que revoloteaban de aquí para allá. Intrigado, me levanté y le pregunté al guardia qué ocurría. –Nada, respondió con indiferencia. Momentos después apareció “Merejo” llorando: “Don Óscar, se me está muriendo Alejandra, se está desangrando y no le he podido contener la hemorragia”. -Se me vienen a la mente este y otros recuerdos de uno de los 17 comandantes que tuve durante mi secuestro por las Farc-, quien fuera capturado la semana pasada en el municipio de Bello: “Merejo”, en quien pude sentir calor humano.
En el desespero de “Merejo”, me puse a consultar un vademécum que tenía. Era yo prácticamente el médico de la comisión guerrillera. Lo repasé tantas veces que llegué a recetarle,...