Una chusma integrada por unos 100 “colectivos chavistas, armados y disparando” irrumpió el 5 de julio pasado contra la Asamblea Nacional de Venezuela e hirió gravemente a diez legisladores, periodistas y asistentes, al terminar una sesión para celebrar el Día de la Independencia.
La policía que custodiaba el edificio, incitada por el vicepresidente, Tareck El Aissami, se amangualó con los intrusos y les ayudó a derribar las puertas con palos y tubos. La Guardia Nacional tan solo intervino ocho horas más tarde para pacificar el lugar. Pero el gobierno del dictador Maduro prometió una “severa investigación para conocer la verdad y castigar a los culpables”. El mismo que acababa de amenazar con “usar las armas si fuere necesario”.
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