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Mucho más que una elección

hace 2 horas
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  • Mucho más que una elección

Por Luis Diego Monsalve - @ldmonsalve

A pocos días de la primera vuelta presidencial, siento una mezcla extraña de esperanza y preocupación. Esperanza porque sigo convencido de que Colombia tiene cómo corregir el rumbo. Pero preocupación porque también veo el enorme riesgo de que el país termine profundizando un modelo de gobierno que, en apenas cuatro años, ha debilitado la confianza, tensionado las instituciones y generado una incertidumbre que hace mucho no sentíamos.

Por eso quiero ser claro. Mi voto en primera vuelta será por Paloma Valencia porque sinceramente creo que es la mejor candidata para Colombia. Esa es mi convicción personal. Pero respeto plenamente a quienes hoy acompañan otras opciones democráticas de oposición. Y todos deberíamos entender que, después de la primera vuelta, el desafío será mucho más grande que nuestras diferencias de campaña. Frente al continuismo, tendremos que actuar unidos.

Y ahí está el verdadero centro de esta elección. Porque más allá de simpatías, estilos o diferencias entre candidaturas, lo que está en juego es mucho más grande que una disputa política normal.

Lo que Colombia decidirá en estas elecciones es si continúa avanzando hacia un modelo de creciente concentración de poder, debilitamiento institucional y confrontación permanente, o si logra recuperar un rumbo de mayor estabilidad, confianza y respeto por las reglas.

No se trata únicamente de economía, aunque la economía importa. Se trata de la supervivencia misma de un modelo de país basado en libertades, iniciativa privada, separación de poderes y democracia liberal. A veces siento que no hemos dimensionado suficientemente el momento histórico que estamos viviendo.

Las instituciones no se destruyen de un día para otro. Se erosionan lentamente. Un nombramiento aquí. Una presión allá. Un ataque permanente a los organismos de control. Una narrativa que convierte a quien piensa distinto en enemigo. Y cuando la sociedad finalmente reacciona, muchas veces el deterioro ya es profundo. América Latina está llena de ejemplos de países donde los ciudadanos creyeron que “no era para tanto”... hasta que terminó siéndolo.

Por eso me preocupa profundamente el tono que han tomado las dos principales campañas de oposición en estos últimos días. La competencia es legítima y necesaria. Pero convertirla en una guerra destructiva puede terminar haciéndole un enorme daño precisamente a quienes queremos evitar la continuidad del actual modelo de gobierno.

Porque la realidad política es simple: quien pase a segunda vuelta necesitará prácticamente la totalidad de los votos de quienes hoy están en otras candidaturas afines. Y reconstruir confianza después de semanas de ataques personales y heridas profundas puede resultar mucho más difícil de lo que algunos imaginan.

Aquí no debería haber enemigos irreconciliables entre quienes creemos en la democracia liberal, la economía de mercado y el fortalecimiento institucional. Las diferencias existen, por supuesto. Pero el desafío que enfrenta Colombia hoy es mucho mayor que esas diferencias.

No estamos discutiendo únicamente programas de gobierno. Estamos discutiendo el tipo de país que queremos dejarles a nuestros hijos. Uno donde todavía existan pesos y contrapesos reales. Donde el sector privado pueda generar empleo sin sentirse permanentemente perseguido. Donde las instituciones funcionen. Donde haya confianza para invertir, emprender y construir futuro.

O uno donde la polarización permanente, el debilitamiento institucional y la incertidumbre sigan convirtiéndose en la nueva normalidad.

Todavía estamos a tiempo de evitarlo. Pero para lograrlo hará falta algo más que ganar una elección.

Hará falta grandeza, capacidad de unir; y entender que, en este momento de la historia colombiana, hay cosas infinitamente más importantes que las diferencias entre quienes hoy compiten dentro del mismo espacio democrático.

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