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El 84% de los casos de bullying terminan cuando otros intervienen y esto solo es posible si nos convertimos en apoyo y defensores unos de otros
Por Natalia Cárdenas* - opinion@elcolombiano.com
Definámoslo primero, el bullying o intimidación escolar es un fenómeno que ocurre entre pares y que tiene tres características, siendo la primera la intencionalidad, pues siempre va a haber una intención de hacer sentir mal o hacer daño al otro. Luego viene la sistematicidad, que es la frecuencia en la cual ocurre y finalizamos por el desbalance de poder, en la que quien acosa usa ese poder para controlar o dañar a otros.
En el fenómeno de la intimidación escolar participan tres actores: el niño, niña o adolescente que intimida; el niño, niña o adolescente que es intimidado y los observadores. Estos últimos son quienes presencian la situación y pueden reaccionar, ya sea promoviendo o interviniendo. Cuando el bullying ocurre, los espectadores están presentes el 80% del tiempo y son quienes, de acuerdo con sus acciones, muchas veces sin darse cuenta, pueden agravar o minimizar la situación.
Los observadores pueden ser pasivos, activos o proactivos y quiero compartirles la definición de cada uno por medio de casos prácticos y que se pueden presentar en la cotidianidad:
1. “Esta mañana estaba en el colegio y vi cómo le escondían la lonchera al nuevo del salón y no fui capaz de hacer nada, me dio miedo que la agarraran contra mí”.
Se trata de un observador pasivo, los cuales muchas veces sienten culpa por no defender al intimidado, pero al mismo tiempo, sienten miedo porque piensan que se van a convertir en el intimidado, temen perder el estatus social o no confían en ningún adulto y piensan que si reportan todo se va a empeorar.
2. “En el grupo de WhatsApp del salón hicieron una encuesta de quien es el más sapo y me dio demasiada risa, voté y aparte envié un Sticker que le hice jajajaja”.
A estos se les llama observadores activos y son quienes, sin agredir o atacar directamente al que está siendo el foco de la agresión, ofrecen retroalimentación positiva a quien está haciendo bullying, animando la intimidación, en este caso, por medio de risas, comentarios o stikers.
3. “Estábamos en la cancha de fútbol y vimos que estaban acorralando a Simón, un niño del salón. No es la primera vez que pasa y por eso mis amigos y yo nos metimos y lo defendimos”.
Vemos un ejemplo de observadores proactivos, que intervienen en algunos casos porque son amigos del niño, niña o adolescente intimidado. Se caracterizan porque confían en los adultos, piensan que si reportan la situación de acoso va a parar y además tienen empatía.
El 84% de los casos de bullying terminan cuando otros intervienen y esto solo es posible si nos convertimos en apoyo y defensores unos de otros. Es por esto que desde la iniciativa Bullying por Loving quisimos darles fuerza a los testigos, para que sean quienes levanten la voz.
Si tú eres observador de una situación de este tipo, siempre ten presente que podemos cambiar el Bullying por Loving.
*Experta en prevención del bullying y ciberacoso