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Alberto Velásquez Martínez
Columnista

Alberto Velásquez Martínez

Publicado el 23 de diciembre de 2020

Navidad Negra

Si hubo un año especialmente amargo de los muchos que hemos vivido, fue este 2020. Hace un año nadie pensaba que la pandemia sería tan calamitosa. Hoy la angustia está presente en esta Navidad, tradicional fecha de sonrisas y villancicos. Llegó y se va diciembre con melancolía. La navidad es Navidad Negra, violenta, “llanto de Dios”, como en la sentida canción de José Barros.

Máxime con la perspectiva de que el coronavirus se prolongue, se mute y se agrave, llevándose más vidas con la llegada de una tercera ola, que no fue advertida ni siquiera por Alvin Toffler en su Tercera Ola, y que va a ser otro Shock del Futuro. Los indicadores del virus se disparan y precipitan medidas draconianas, mientras la esperanza de la aplicación de la vacuna aflora en medio de una cosecha amarga.

Si bien las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado fueron atroces, con guerrillas, paramilitares y narcotraficantes poniendo carros bomba y dinamita para aterrorizar al Estado y a la sociedad colombiana, por lo menos se conocían para enfrentarlos a los protagonistas causantes de las tragedias. Ahora el enemigo es invisible, estimulado para sus brotes y rebrotes, por la indisciplina social y la necesidad de salir de los confinamientos voluntarios o impuestos, para no sucumbir en el hambre y la pobreza.

También se lleva ciudadanos sin importar edades o condiciones socioeconómicas y colapsa la red hospitalaria. Indudablemente en este 2020, el coronavirus fue el primer antipersonaje del año. Un enemigo aniquilador, que deja muerte, pobreza, inequidades sociales, miedos e incertidumbres. Que vuelve a torturar la convulsionada historia nacional y mundial.

El maltrato que el hombre ha dado a sus recursos naturales, se devuelve contra la vida humana. La naturaleza cobra con dureza lo que la mano artera del hombre le ha despojado. Más de 40 mil muertos causados por el coronavirus en Colombia, se suman a su trágica historia de víctimas de todas las violencias y epidemias nacionales. Y la esperanza de ponerle punto final aun es lejana.

Si a la pandemia se le suma la corrupción, epidemia irreducible en Colombia, el panorama es más desolador. Fue el segundo antipersonaje del año. Abundaron los proyectos de ley para combatir la putrefacción moral, esfuerzos que se quedan cortos ante las artimañas de sus actores que saben burlar las normas jurídicas y éticas. Cadenas de podredumbres que arrancan desde las altas cortes de Justicia y llegan hasta el ciudadano de a pie, son las imágenes fotográficas de una justicia coja, lenta y ciega. Ya hacen parte del paisaje ensombrecido del relajamiento moral colombiano.

Colombia entra llena de problemas y de retos al 2021. No solo con pandemia y corrupción, sino con una economía en convalecencia. Con radicalización política agresiva. Con partidos acabados como instituciones. Con un populismo que amenaza instalarse en el próximo cuatrienio, no para sustituir un gobierno sino para derrocar un sistema. La sombra del pesimismo cubre como maleza el mapa nacional. ¿La resiliencia de los colombianos, hará posible la esperanza?

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