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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 10 de junio de 2019

NI FU NI FA

La expresión que sirve de título a esta reflexión dominical se utiliza para aludir a aquellas cosas que son indiferentes; eso, justo es decirlo, acontece con la problemática de la Justicia en el actual gobierno y, por ende, con el manejo dado a la cartera correspondiente. En efecto, tras la llegada al ministerio de la funcionaria saliente (la señora Gloria María Borrero Restrepo) se escucharon voces de desconcierto, según las cuales se trataba de una persona que provenía del sector técnico –durante poco más de diez años regentó la Corporación Excelencia en la Justicia– y que no tenía experiencia en el mundo político.

Y ello, muy pronto, se puso en evidencia porque la designada no tenía la capacidad de liderazgo suficiente para sacar adelante reformas cruciales para el país que, además, un congreso no adepto a los dictados del primer mandatario no estaba –¡ni está!– en condiciones de discutir, impulsar y lograr. Pero lo más grave es que tampoco su aparente preparación en materia técnica asomó por los resquicios, porque lo poco que pudo impulsar no arrancó o no lo dejaron empezar.

Su salida, pues, estaba cantada. Sin embargo, para más desazón, el presidente pronto anunció el nombramiento de la señora Margarita Cabello Blanco quien, aparte de su discreta carrera judicial, no tiene ningún pergamino ni ejecutoria académica relevantes; incluso, en el mundo de la política –aparte del respaldo costeño a su nombramiento– tampoco exhibe ninguna trayectoria. Para decirlo en otras palabras: con esta designación tampoco va a suceder nada y tal vez será peor el remedio que la enfermedad.

El ministerio de Justicia y del Derecho, pues, se ha convertido –desde hace mucho, aunque pueden mencionarse honrosas excepciones que confirman la regla– en una dependencia empleada para pagar favores electorales o reencauchar a los amigos; por eso cualquiera, con tal de que tenga buenos padrinos, corre el riesgo de que lo nombren para desempeñar esas funciones. De ahí que, en atención a los niveles de incompetencia observados y a la falta de seriedad al proveer ese cargo, se debería pensar en confiárselo a una secretaria con un poco de preparación gerencial y ella, de seguro, se podría desempeñar con lujo de competencias.

Desde luego, también puede suceder que el asunto no se deba a la incompetencia de los funcionarios designados sino que, a pesar de que lo son, como dicen Laurence J. Peter y Raymond Hull –en su importante libro intitulado “El Principio de Peter”, publicado en los años sesenta del siglo pasado–, cuando realizan bien su trabajo son promocionados a puestos de mayor responsabilidad (como ese), a tal punto de que cuando llegan no pueden formular ni siquiera los objetivos de su labor, y, por ende, alcanzan su máximo nivel de incompetencia.

Además, debe decirse con toda claridad, las alocuciones gastadas sobre la necesaria y urgente reforma a la Justicia que han acuñado los políticos y legisladores de turno, muestran que el asunto no le interesa a nadie –empezando por los que dicen representarla– dado que todos están contentos con el paquidérmico aparato existente que, entre otras cosas, permite que reinen los “carteles de la toga” y les asegura a los aforados constitucionales la casi absoluta impunidad, cuando realizan conductas torticeras.

En otras palabras, para volver a citar el texto mencionado: el mundo de la Justicia en el cual vivimos está lleno de muchas palabras y de pocas ideas; de ahí que se desarrollen discursos de uso general, que “se componen de frases que tengan aire solemne, pero que son lo suficientemente vagas para ser aplicables a todas las situaciones, cambiando, en todo caso, unas pocas palabras cada vez para acomodarse al auditorio de que se trate”.

En fin, todo indica –dice Peter en la introducción– que aquí “como individuos, tendemos a trepar hacia nuestros niveles de incompetencia” y, sin zaherir, con Hull, debería agregarse: “Por todas partes veo incompetencia pujante, incompetencia triunfante”.

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