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No más engaños con los trenes

El Estado colombiano no tiene con qué asumir, con enormes pérdidas, los altísimos costos de esos proyectos y ningún privado va a malbaratar grandes sumas en trenes sin carga ni pasajeros.

15 de febrero de 2024
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  • No más engaños con los trenes

Por Jorge Enrique Robledo- opinion@elcolombiano.com.co

Empiezo por decir que me gustan los trenes. Mientras pueda me subo en uno y he viajado bastante en ellos. Y en mi esfuerzo por comprenderles sus posibilidades y limitaciones concluí algo clave que suele olvidarse: cada medio de locomoción debe ser el mejor para cada necesidad: gatear, caminar o correr, ir en triciclo, en bicicleta o en moto, en automóvil, buseta, bus o BRT (transmilenio), en tren, en tranvía o en metro ligero o pesado y de superficie o subterráneo, dependiendo de las circunstancias. Cero dogmatismos.

Los vehículos que usan rieles exigen pendientes muy menores y amplios radios de giro –que en montaña les imponen costosos viaductos y túneles– y cargas grandes y numerosos pasajeros, condiciones que les restaron competitividad a los trenes cuando aparecieron automóviles, buses y camiones, que también les sacaron ventaja por poder girar en curvas cerradas y detenerse para cargue y descargue con mucha más frecuencia. Así se entiende mejor por qué en el siglo XX, entre otras razones, los trenes perdieron con los automotores el monopolio sobre gran parte del transporte de carga y pasajeros, aunque lo mantienen en los volúmenes mayores.

De ahí que sea absurdo que Gustavo Petro hable de construir trenes por todas partes. Transcribo la última de sus ocurrencias: “hemos dado la orden al Ejército de Colombia de construir una línea férrea entre Villavicencio y Pto Gaitán para abrir la altillanura a la producción de alimentos. En Pto Gaitán, el río Meta es navegable y por el Orinoco se llega al mar. La producción de Bogotá y de los Llanos también pueden salir al mar por aquí”.

Difícil un absurdo mayor. Porque esos ríos necesitan inmensas inversiones para volverse navegables para grandes cargas, con productos que además hoy no existen. Y por la competencia con otras vías, dadas las distancias. Bogotá está a 1.979 kilómetros del Océano Atlántico por el río Meta y el Orinoco, en tanto queda a 503 de Buenaventura. Son 598 kilómetros Villavicencio-Buenaventura y 1.869 al Atlántico por Venezuela. ¿Sacrificar al Ejército metiéndolo en esa chifladura?

Petro también habló de un tren de Santiago de Chile al Caribe colombiano y venezolano, puntos que, en línea recta, están a 4.700 kilómetros, y no existe un flujo importante de carga y pasajeros entre ellos. En la campaña electoral, además, prometió trenes entre Buenaventura y Tumaco y Puerto Carreño –1.390 kilómetros– y Buenaventura y Barranquilla –1.200 kilómetros–, para con este intentar el imposible de competirle al Canal de Panamá, que mide apenas 80 kilómetros y por agua, el medio de transporte más barato.

En el colmo de los colmos de la viveza de Petro, estos proyectos no aparecen en el Plan Maestro de Transporte Intermodal de Planeación Nacional y el Ministerio de Transporte de este gobierno, que habla de invertir $240 billones en 30 años en todos los medios de transporte, suma bastante escasa.

Lo que Petro no quiere entender, porque pierde un bla-bla-bla, es que no son las vías las que crean los desarrollos económicos entre los puntos que comunican, sino la pujanza económica de cada sitio la que exige comunicarse entre ellos. Los metros son de las grandes ciudades y los millones de pasajeros. No se fabrica el tubo del oleoducto y luego se sale a buscar el pozo de petróleo y sus compradores para conectarlos. Y primero hubo café y compradores y luego mejores vías para transportarlo.

Además, el Estado colombiano no tiene con qué asumir, con enormes pérdidas, los altísimos costos de esos proyectos y ningún privado va a malbaratar grandes sumas en trenes sin carga ni pasajeros.

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