Había una vez, un patriarca hacendado, que había dedicado su vida a trabajar en el campo. Empezó con su abuelo y después con su padre y fue creciendo su propiedad con esfuerzo y sacrificio sin darse lujos, ni comodidades, apoyado siempre por su esposa. Las utilidades las iba invirtiendo en comprar más propiedades a sus vecinos y mejorar ganados y por supuesto en la educación de sus hijos. Con austeridad y disciplina, con buen juicio y pulcro manejo de sus bienes hizo este hombre una fortuna en tierras y ganados.
Sus hijos se educaron en la ciudad y en el exterior y poco interés demostraron en las propiedades paternas, solo en vacaciones disfrutaban de las atracciones del campo.
Cuando el patriarca y su esposa murieron, los hijos no tenían ningún...