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Melquisedec Torres
Columnista

Melquisedec Torres

Publicado el 08 de febrero de 2022

No ver, no creer

Dice la Biblia que el apóstol Tomás se negó a creer en la resurrección de Jesús a menos que viera la señal de los clavos y metiera su mano en el costado herido. Así fue y creyó. Este Tomás debiese ser el santo patrón del periodismo y no Francisco de Sales.

No ver, ergo no creer es la minimización para el periodista de indagar, investigar, confrontar, verificar y, en el grado máximo posible, encontrar la prueba de los hechos.

En esas estamos frente a la única versión conocida del encuentro (o saludo) del senador Gustavo Petro con el papa Francisco: la de su propia campaña. Digo encuentro y no reunión ni entrevista puesto que no he visto evidencia de que haya ocurrido una reunión o entrevista o conversación de 5 o 42 minutos entre los dos. Lo que publicó su oficina de prensa —sin fotos ni video; supuestamente, porque así lo pidió Bergoglio— no tiene la suficiente dosis de confianza para darle credibilidad, amén de que la mentira y la hipérbole sobre sus actos han sido más una constante que una excepción en la vida de Petro Urrego. De eso sí dan fe sus falsos títulos académicos, su real papel en el M-19, su desastrosa alcaldía de Bogotá e incluso su lugar de nacimiento, en disputa histórica entre Ciénaga de Oro y Zipaquirá. Su hoja de vida oficial dice que nació en esta última.

Hice la tarea sobre los canales oficiales del Vaticano (generosos en reportes de la agenda papal diaria), portal web y preguntas a fuentes en Roma y nadie da constancia de que haya ocurrido una reunión de 42 minutos, en los que —según la oficina de Petro— hablaron de cambio climático, la paz y Venezuela.

Que se hayan encontrado sí lo confirman fuentes fiables. Lo demás, la larga duración y temas, solo procede del interesado en que se sepa que un alto líder mundial le dedicó el grueso de su apretada agenda.

Dirán algunos que lo importante es que sí se vieron. No hay tal; cualquiera que vaya a Roma tiene la oportunidad, con paciencia, de lograrlo. El papa tiene audiencias semanales en las que permite el ingreso de selectos grupos en los que da la mano, carga niños y recibe regalos. Son de acceso libre, previa reserva pagando unos euros. Otra cosa es un extenso diálogo privado como el que dicen.

Una audiencia privada de Francisco con un candidato, como la que publicitó Petro, no ha ocurrido antes en su papado. En abril de 2016 Bernie Sanders, el más destacado líder de izquierda en EE. UU., hizo alarde de una supuesta invitación de Francisco en plena campaña presidencial; fue al Vaticano, lo esperó tres días y, finalmente, a las 6 de la mañana, como lo confirmó el papa, “bajé, le saludé, le di la mano y nada más”.

Era Sanders, candidato al cargo más importante del planeta.

Seguiré esperando. Si veo, diré que vi. Mientras tanto, no he visto 

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