Contaba don Agustín Jaramillo que el ingeniero Eduardo Orozco, miembro de una familia en la que hubo varios importantes ingenieros, estaba haciendo el trazado de una carretera y con su teodolito medía un campo, ayudado de un cadenero que tenía la mira a muchos metros de distancia.
El ingeniero con su gorra le hacía señas al cadenero que moviera su regla en uno u otro sentido.
Por la tardecita llegó el doctor a la hacienda donde se hospedaban y encontró a la campesina que los atendía con alimentos y ropas, haciéndole mala cara y seño adusto.
--¿Qué le pasó a usted señorita? ¿Por qué esa cara?
--Avemaría dotor, usté sí es. ¡Me hizo señas que lo esperara en la quebrada y me dejó allá esperándolo!
Puede que algunas señas profesionales no las entienda...