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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 10 de abril de 2021

Ocho días de blanco

La semana que sigue al Domingo de Resurrección se llama en cristiano Octava de Pascua. Un término para calificar este tiempo pospascual que, seguramente, para muchos no tiene ninguna resonancia. Menos aún después de una Semana Santa con menguada presencialidad litúrgica por la actual situación de pandemia, que pudo desdibujar los misterios celebrados.

Son ocho días (octava) condensados en uno, que se prolonga toda la semana y que abre en la liturgia católica la llamada Cincuentena Pascual, que son cincuenta días, ocho domingos hasta el día de Pentecostés. En los primeros siglos de la Iglesia, este tiempo estaba marcado para los católicos por el júbilo y la alegría de haber sido redimidos, de ser bautizados (hay que “oler a resucitados”, suele decir mi tío). Eran jornadas centradas en la espiritualidad bautismal, en las que los nuevos cristianos vestían de blanco (“in albis”, para decirlo en latín).

Todo esto me lo contó mi tío cura, el padre Nicanor Ochoa, que no se ha muerto y que es el que sabe de esto. Espero que se aleje el peligro de contagio para volver a saludarlo. Me da miedo que por mostrarme un sobrino pendiente y querendón le acabe llevando la peste que como un perro nos acecha. Dios no lo permita. Toda visita ahora es peligrosa.

A propósito, para esta Semana Sana el padre Nicanor le pidió a Mariengracia, la sobrina, que sigue al pie de su lecho de viejo, que no de enfermo terminal todavía, que me mandara un papelito manuscrito con unos versos que él le recitó. Los reconocí ahí mismo, porque él vive declamando ese poema “Escrito a cada instante” del poeta español Leopoldo Panero, de la generación del 36 (1909-1962). Tanto, que yo creo que ya lo había publicado en alguna columna mía hace tiempo. Y lo voy a volver a hacer ahora, con la venia del lector, porque me parece que esta Octava de Pascua es un buen trasfondo para hacer de estos versos una oración.

El poema “Escrito a cada instante”, que es el título también de uno de los libros de Panero, dice así: “Para inventar a Dios, nuestra palabra/ busca, dentro del pecho,/ su propia semejanza y no la encuentra,/ como las olas de la mar tranquila,/ una tras otra, iguales,/ quieren la exactitud de lo infinito/ medir, al par que cantan.../ Y Su nombre sin letras,/ escrito a cada instante por la espuma,/ se borra a cada instante/ mecido por la música del agua:/ y un eco queda en las orillas”.

Semana Santa, Pascua, Resurrección..., ¿solo eso: un eco en la orillas? Habrá que abrir el alma para oír el silencio. Y para ver la eternidad donde las olas duermen su fugaz esplendor

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