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Dos géminis

Somos iguales y distintos como los dedos de la mano, pero nos respetamos los espacios, como dicen los socialbacanos.

hace 3 horas
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  • Dos géminis

Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

Como por estas calendas oscilamos entre los días de la madre y del padre me dictó hacer una evocación de la culecada que amasaron nuestros taitas Luis María y María Genoveva. La pareja juntó lo que él sospechaba y lo que ella ignoraba en materia de sexo, y criaron nueve hijos para el cielo.

Nacimos asistidos por comadronas. Menos la que se dejó venir en la madrugada del festivo 1º. de Mayo. Ni modo de llamar a la partera. No tenía teléfono en su casa. Nosotros tampoco. El parto lo atendió mi taita.

En casa tampoco teníamos nevera ni televisor. La radio hacía la veces de televisor, periódico, internet. La primera novela, “Lejos del nido”, la oímos por radio. El texto vendría después. Conocimos el mar acercando el oído al caracol con el que cuñábamos la puerta. Se oía un rumor cercano de mar. Al océano de carne y hueso llegamos tarde. Hoy los niños nacen y en segundos están haciendo orinoterapia I en alguna playa.

El cine era en blanco y negro, los colores de la felicidad. Como todos los niños, éramos inmortales. Las botellas de leche las dejaban en el quicio de la casa. A nadie se le ocurriría llevárselas. Modestia, apártate, pero desde temprano vivimos de tal forma que si tocan en la casa en la madrugada, es el lechero, no la policía. (Lo dijo Churchill al defender el sistema democrático).

Cuando empezamos a crecer, las letras del alfabeto eran 30. Los bestellers eran la Alegría de Leer, el catecismo de Astete, y, por los laditos, la urbanidad de Miguel Antonio Carreño, el hermano veneco. Más que a amar a Dios, nos enseñaban a temerlo.

Los menores heredábamos la ropa de los mayores. En su máquina Singer, mamá Geno confeccionaba la ropa con “ventajita”. Esa máquina Singer fue la gran herencia que nos dejó. Papá Luis levantaba pa la papa y la yuca. Tuvimos la mejor riqueza: aquella en la que nunca faltó nada.

En Semana Santa estrenábamos de pie a cabeza. Empezábamos a domar zapatos en la procesión del Viernes Santo. En vez de Inteligencia Artificial teníamos la alegría natural que nos daba cuando aparecían las bolas (=carros) de la Biblioteca Pública Piloto con sus libros.

Cada uno de nosotros fue haciendo su viaje a Itaca. Somos iguales y distintos como los dedos de la mano, pero nos respetamos los espacios, como dicen los socialbacanos.

La menor y el mayor son del signo géminis. O sea que han estado de mucho cumpleaños estos días. Ella se la pasa dando una mano, dos manos, todas las manos. Bastón en mano, el mayorazgo, bueno como el pan, se recupera de un tropezón de esos que “cualquiera da en la vida”.

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