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Historias de locos bajitos (71)

Dios me parecía un señor más bien raro. Mejor cedo los trastos a niños recientes antes de que me excomulguen.

hace 60 minutos
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  • Historias de locos bajitos (71)
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Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

Creo que nací dos veces: la primera, cuando puse mi primer conejo y me volé sin pagar los nueve meses que viví en el hotel mamá Genoveva; nací por segunda vez cuando descubrí a los dos o tres años que formaba parte de este mundo. Despierto en la huerta de mi casa y lo primero que veo es un espantapájaros.

Lo primero ocurrió en Montebello; lo segundo en Versalles, corregimiento de Santa Bárbara. A pesar de que nací a “temprana edad” me la he llevado bien con la niñez y con la vejez, así de ésta digan los polacos que no le salió bien a Dios.

Pongo a funcionar mi espejo retrovisor a ver si puedo aportarle algo a estas historias de niños. Solo recuerdo que quería saber por dónde se metía la gente que hablaba por la radio; también me extrañaba que pistoleros que morían en una película aparecieran vivos en otra. Ah: también quería crecer rápido para parecerme a Tony Curtis. Dios me parecía un señor más bien raro. Mejor cedo los trastos a niños recientes antes de que me excomulguen:

Un día, al salir del preescolar, Guadalupe, de 3 años, dijo: “Mamá, imagínate que en mi salón había una lagartija muerta y luego se desmurió y caminó”.

Abrí una botella de lejía delante de mi sobrino. Me preguntó cómo lo había hecho porque él no pudo: “Es porque tiene un sello de seguridad para niños”, le expliqué. Mi sobrino miró la botella asombrado y me dijo: “¿Cómo sabía que yo era un niño?”. (Revista Selecciones).

“Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande. Escribí que feliz. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida”. (John Lennon).

Mi hijo se pasaba la semana preguntándome si era domingo. Y es que cada domingo yo llevaba a mi hijo a un concierto gratuito de música clásica... (Eduardo Halfon, escritor guatemalteco).

Martina, de 8 años, al ver desolados a sus padres y a su hermanito cuando Francia perdió en el campeonato mundial de fútbol les dijo: “Cálmense, sólo es un juego”.

Amelia, mi nieta de 6 años, le dice a su mamá: Mami, me quiero cortar el pelo pero que no quede como tú.

En una ocasión, llevé a mi hijo de 8 años a ver unos talentos locales interpretar papeles memorables de obras de Shakespeare. Tras observar atentamente a los actores durante una hora, mi hijo me dio un codazo y preguntó: “¿Cuál de ellos es Shakespeare?”. (Revista Selecciones).

La misma Guadalupe de la primera historia recibió un pequeño castigo de sus padres que le explicaron que cada acto tiene consecuencias. Pero ella lloraba a moco tendido mientras gritaba: “Papá, por favor, quítame las consecuencias, quítame las consecuencias”.

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