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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 14 de abril de 2020

Otro golpe a Europa

En el calendario político estaba marcado el 2020 con rojo. Era la fecha en la que, después de idas y vueltas, el Brexit tenía que ejecutarse y Europa reacomodaría el sustento de su poder. Por cuatro años, desde el referendo de mediados de 2016, se habló del golpe que significaba para la Unión la salida de uno de sus soportes fundamentales. Finalmente, las negociaciones se concretaron y el proceso empezó su camino. Pero este año que apenas lleva tres meses tenía una sorpresa guardada: una pandemia.

El coronavirus entró con una fuerza inesperada en Italia y España. Destrozó en cuestión de días las vidas de decenas de miles de personas en el continente y, de paso, agujereó la economía de todo el bloque. Las preguntas sobre la solidaridad europea empezaron a saltar y los líderes encontraron que entre el discurso de hermandad y la actuación política hay una grieta enorme. En el momento de tomar las decisiones más difíciles, las que involucran el desembolso de miles de millones de euros, las cejas empezaron a arquearse. La eterna división entre el norte y el sur saltó de nuevo.

Los ejecutivos miembros del grupo coincidieron en que este es el mayor reto vivido por Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el camino de salida que presentaban era dispar. Unos, como Alemania y Holanda, se mostraban incómodos con un desembolso multimillonario para los países más afectados. Italia y España, que necesitan el dinero, insistieron en la urgencia del préstamo. Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, lo dijo sin amagues: “La Unión Europea está en peligro”. Es ahora cuando el organismo tiene que mostrar su eficiencia.

Tras días eternos de negociación finalmente el 9 de abril la UE aprobó el plan económico “más importante de su historia” con 500 mil millones de euros para enfrentar el coronavirus. La esperanza es que el dinero ayude a rescatar las economías debilitadas y apoye a los empresarios para que mantengan sus listas de empleo.

Con el acuerdo en marcha los ánimos se calmaron. Por ahora la prioridad de todos es encarar una realidad de hospitales saturados y economías detenidas en seco. Sin embargo, la pelea por el dinero, los discursos destemplados y la demora en lograr un consenso, abrieron nuevas heridas que serán difíciles de sanar una vez el mundo vuelva a su vieja rutina.

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