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Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 31 de mayo de 2021

Otro siglo para rehacer la ética

La crisis actual, que repercute con impactos pavorosos en el país, indigna, duele, confunde y llena de incertidumbre. ¿Estamos presenciando el fin del mundo civilizado, la extinción de la capacidad humana de escoger entre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo honrado y lo pícaro, lo diurno y lo nocturno?

¿Esas arremetidas brutales de insensatez, de barbarie, de primitivismo, de crueldad, que estamos viendo pasmados cada tarde, en episodios violentos causados por individuos alucinados, son signos de tiempos apocalípticos ya muy próximos? Mientras galopa el otro jinete nefasto, el de la ignorancia y la imbecilidad, de la aniquilación de la sindéresis y la enajenación del razonamiento crítico, de la renuncia a la digna autonomía, no sabemos si alistarnos para reaccionar, seguir encerrándonos, resistir impertérritos, o rezar a lo desgualetado a ver si ocurre un milagro.

Todo comenzó, y no ayer sino hace mucho tiempo, cuando el Estado claudicó para abandonar la misión esencial de educar y menospreció la formación ética y moral de los nuevos ciudadanos. Los valores fueron diluyéndose a toda máquina mientras dejaron de valer. La asunción honorable de responsabilidades, el vicio de chutarles las culpas a los otros y eludir las propias, la desobediencia sistemática en los hogares, el irrespeto desafiante a la autoridad y el desconocimiento de límites razonables a la libertad, la agudización del conflicto distanciador entre generaciones, la predilección por la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón, han sido elementos generadores de la destrucción de la estructura moral y ética de una sociedad, digamos que la nuestra, aunque la tragedia es global y todas las contraculturas de la inhumanidad y el cretinismo se levantan como monumentos de latría.

Yuri Bezmenov era periodista de la agencia Novosti y espía que desertó de la KGB soviética. En Estados Unidos explicó su tesis sobre la subversión ideológica y la destrucción de la moral de los pueblos: “Es un gran proceso de lavado de cerebro que es muy lento y se divide en cuatro etapas básicas. La primera es la “desmoralización”. (Siguen la desestabilización, la explosión social y la normalización). Se necesitan de 15 a 20 años para desmoralizar a una nación, porque este es el número mínimo de años necesarios para educar a una generación de estudiantes expuestos a la ideología del comunismo.”

Podría conjeturar que en Colombia hemos sido objeto de experimentación de tales estrategias y ahí estamos pagando nuestra docilidad y nuestra estulticia. Lo cierto es que el daño, la desmoralización, está hecho, no sé si tal como lo explica Bezmenov o por motivos endógenos. ¿Cuánto tiempo necesita un país, si puede, para reconstruir una estructura moral y ética incinerada? ¿Será suficiente un siglo?

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