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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 21 de diciembre de 2021

Pánico trumpista

El 6 de enero de 2021 Estados Unidos vivió uno de los acontecimientos políticos más delirantes de su historia contemporánea. Seguidores del entonces presidente Trump, azuzados por sus mentiras, se tomaron el Congreso para impedir la certificación de Joe Biden como nuevo mandatario. Lo que inició como una marcha de protesta concluyó con un asalto al Capitolio, la detención de medio centenar de agitadores y la muerte de cuatro personas. Las pantallas del mundo mostraron la caída en barrena de la primera potencia y a todos nos pareció bastante clara la forma en la cual Trump —por enésima vez— había ido demasiado lejos.

Un año después el humo dejado por la toma no se dispersa y cada tanto aparecen nuevas pruebas del delito. Los datos son sorprendentes. Un comité del senado, que investiga los hechos, reveló en días pasados que desde Donald Trump Jr. (hijo mayor del republicano) hasta periodistas militantes en la conservadora Fox News textearon para suplicarle al mandatario que frenara la pesadilla. Los mensajes enviados al entonces jefe de gabinete, Mark Meadows, y que habían permanecidos ocultos hasta ahora, construyen un diagnóstico del nivel de angustia que invadió al trumpismo. “Necesitamos que pronuncie un discurso en el Despacho Oval. Es el momento de liderar. Ha ido demasiado lejos. Se le ha ido de las manos”, le dijo su hijo. Laura Ingraham, presentadora y acólita trumpista, rogaba para que el presidente diera un discurso porque, en sus palabras, el desmadre perjudicaba a todo el círculo próximo a la Casa Blanca y “destruía su legado”.

Las pruebas son el resultado del intento de un sector político de Washington y algunos medios periodísticos para evitar que la narración de la derecha reescriba esa historia delincuencial como la revuelta de un grupo minúsculo de díscolos que actuaron por sus propios medios. Y la verdad es que no. Así no fue. Lo que ocurrió —y todos lo vimos— fue un ataque directo a la democracia impulsado por el Ejecutivo. Y hay que decirlo cuantas veces sea necesario, y con más fuerza ahora que el trumpismo toma un segundo aire sustentado en su retórica trastornada. Porque no es posible que sean ellos los que nos relaten el cuento. Resulta preferible seguir metiendo el dedo en la llaga a que ellos nos metan el dedo en la boca 

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