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María Clara Ospina
Columnista

María Clara Ospina

Publicado el 16 de octubre de 2019

París será una ciudad verde

Si Ana Hidalgo, alcaldesa de París, se sale con la suya, el centro y algunas de las áreas más hermosas, visitadas y congestionadas de la ciudad luz se convertirán en zonas peatonales, con tráfico de automotores restringido, y con acceso exclusivo de otros medios de trasporte “limpio”, como bicicletas y patinetas. Entre sus metas está crear mil kilómetros de rutas exclusivas para bicicletas. O sea, prácticamente eliminar los vehículos privados.

Esto le ha creado a la alcaldesa tantos detractores como seguidores enardecidos. Es una batalla en la que está empeñada y cree que debe liderar. Para Hidalgo, convertir a París en una ciudad “verde” es indispensable, inevitable e indetenible. Su labor presente es salvar a la capital francesa de una catástrofe ambiental, que ya se comienza a sentir.

Este año, desde junio, la temperatura de París rompió todos los récords existentes, por algunos días llegó a marcar 42° C. Para Hidalgo quedó claro que, de no tomarse medidas cruciales e inmediatas, esta situación empeorará dramáticamente cada año. La comunidad científica está de acuerdo con ella.

Igual está sucediendo en otras ciudades del mundo. Los Angeles ha visto incendios por el calor y la sequía, destruir totalmente miles de hectáreas de bosques y hermosos barrios. En Beijín, el aire en algunos días es casi irrespirable, obligando a sus ciudadanos a usar máscaras protectoras, esto a pesar de las inmensas campañas de arborización del gobierno. Igual sucede en Nueva Deli, el Cairo, Ciudad de México y aún en Bogotá.

En reciente estadía en Ámsterdam encontramos una ciudad tomada por las bicicletas. Es una decisión de la ciudadanía apoyada por el gobierno, que ha prohibido los carros en casi toda la ciudad central. Además, los parqueaderos han sido reducidos y cobran duro cada hora.

Pero, todas estas medidas se quedan cortas. Mas lo que pretende hacer la alcaldesa de París es el inicio de una revolución mundial que tiene sus raíces de la población, en la protesta de los jóvenes, la alarma de la comunidad científica, el reconocimiento de todos los humanos de la existencia y peligro del dramático cambio climático.

El calentamiento global se nos vino encima. Nos amenazan huracanes aterradores, incendios arrasadores, temperaturas imposibles de soportar.

El Amazonas ha sido tan expoliado, que pronto llegará al punto de no recuperación. Igual sucede con ese maravilloso muro vegetal que separa el desierto del Sahara de las grandes selvas africanas impidiendo la desertificación del continente.

Es claro, el Pacto de París, creado por los gobiernos para contrarrestar el cambio climático, es lento y sin garra. Los gobiernos “arrastran los pies” por defender la gran industria. Habrá que forzarlos a actuar. ¡El cambio debe ser ya! ¡Nuestra supervivencia peligra!.

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