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Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 15 de julio de 2021

Penalti contra el fútbol

Intrigué ante Santa Evita Perón para que Brasil volviera ripio a Argentina en la Copa América. Pero ella había decidido que el rosarino Messi y sus “mafaldos” serían protagonistas del segundo maracanazo que sufren los brasileños.

Decidí pujar por Neymar y sus parceros en protesta por la actuación del arquero argentino Emiliano Martínez quien con patanería y adjetivos desafinados desestabilizó a los jugadores colombianos cuando estos cobraron los penaltis.

“¡Qué falta de respeto qué atropello a la razón!” agredir verbalmente al contrario. ¿Y los presidentes de la FIFA y la Conmebol? Bien, devengando.

(También Brasil eliminó a la selección Colombia en forma anómala después de que el balón se estrelló contra el árbitro que no detuvo el partido).

En castigo, el arquero Martínez debería aprenderse en sánscrito los trinos de Trump y la urbanidad de Carreño en japonés; exijo que le quiten el celular, el mate, los tangos, el ego, los alfajores Havanna, el sexo y el churrasco hasta después del mundial.

Mafalda habría dicho: El fútbol está enfermo de Martínez.

El árbitro del juego Colombia-Argentina andaba en babia porque en opinión de duchos como el exárbitro Javier Castrilli, y de cualquier aristócrata de potrero, debió amonestar primero y mandar después al arquero a Corrientes, 3, 4, 8, segundo piso, sin ascensor. Que camine.

Como Argentina ganó en el tiempo reglamentario, nos quedamos sin saber si Martínez le habría gritado cabrón y otras bellezas a Neymar y a su corte.

Italia ganó la Eurocopa por penaltis pero ninguno de los porteros revivió la “jurisprudencia” Martínez.

Vi mal a David González, exarquero del DIM, poniéndose del lado del bocón de la pampa al que le faltó algo que no venden en la tienda de la esquina: juego limpio, elegancia, ética, estética, respeto por el fútbol.

González dijo en El Var-Caracol que en el fútbol se dan silvestres esas patanerías y que él las ha cometido.

Tampoco veo a David gritándole insultos a Freddy Rincón o al Pibe Valderrama en situación parecida.

Me quedo con arqueros como Albert Camus que jugaba en ese puesto para ahorrar zapatos.

O con Obdulio Varela, cuidapalos de la selección uruguaya, que en la noche del triunfo sobre Brasil en el primer maracanazo de 1950, estuvo en los bares de Río haciendo de siquiatra de los vencidos e invitándolos a tomar cachaza.

Añoro al ronco Martín Uribe, arquero del Andalucía, de Envigado, mi entrenador cuando andaba detrás del cuero. Martín nos prestaba lágrimas para llorar en las derrotas.

Espero que Emiliano lea en Página 12, de Buenos Aires, la columna de Juan José Panno, quien critica su papelón, y le recuerda este consejo que le da Kurt Lutman exfutbolista y escritor: ojalá que cuando el pibe mire la repetición de los penales se sienta muy orgulloso por lo que hizo y no por lo que dijo

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