Creo que está bien detenerse sobre ciertas cosas íntimas, verlas más allá de su empuje y potencia. Yo no sé qué tanto los viriles seres de esta tierra han querido saber más sobre ese colgandejo, a veces duro, a veces blando, que casi desde el vientre los hombres aprendemos a jalar como si fuera un amuleto. Yo, inquieto y juguetón, me he interesado por mi pene de manera empírica, lo he descubierto con mi mano y con mi mente; por eso cada que encuentro cosas raritas sobre el pene las compro y las leo, no hay nada mejor que saber el peso y el pasado que cargamos entre las piernas.
Un día, en una consulta médica, empecé a conversar con el doctor sobre libros y penes, sin ningún misterio, como hay que hablar de ambas cosas. Antes de despedirnos, yo...