Como he procurado hacerlo apenas empiezan para muchos las vacaciones, me tomo el atrevimiento y comparto con mis lectores de siempre dos historias más que han nacido Desde el cuarto:
El hombre y su perro
Él salía al balcón antes del amanecer con esa pijama azul de pantalón corto, con los ojos aferrados todavía a una sábana y con un perro de crespos blancos que no se perdía la encendida del cigarro ni la caída de pavesas. Ambos se suspendían en el tiempo y se adormecían sin importar el frío. Ninguno de los dos cargaba reloj.
Esta mañana el hombre de cabellos, también crespos y blancos, salió al balcón y no se sentó en la silla de siempre sino que permaneció de pie con sus manos aferradas a la baranda, fumó y creo que lloró. No hubo al amanecer perro...