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Por Diana Herrera Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

Piu Avanti: un regalo de mi padre

Todos necesitamos un Piu Avanti: una palabra, una voz, una convicción profunda a la cual acudir cuando todo lo demás parece fallar.

hace 46 minutos
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  • Piu Avanti: un regalo de mi padre

Por Diana Herrera Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

No tengo muy claro a qué edad mi papá empezó a recitarme Piu Avanti, solo sé que lo ha hecho con la suficiente constancia para que este poema se arraigara en mi mente y en mi corazón como una especie de escudo acompañado por su voz: esa que siempre he percibido omnipotente, me da la fuerza necesaria para sentirme capaz de sobreponerme a cualquier circunstancia: a la frustración, a la decepción, a la ansiedad e incluso al dolor y al vacío que deja la cercanía de la parca.

Por eso hoy quiero compartir con quienes la leen una de las mejores herencias que en vida me ha dado mi papá. No me la entregó por partes ni en cuotas: me la ha regalado completa, con toda la fortaleza de aquello que, a fuerza de repetirlo, se convierte en certeza.

Y dice:

No te des por vencido, ni aun vencido, no te sientas esclavo, ni aun esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido, que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo; no la cobarde estupidez del pavo que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora; o como Lucifer, que nunca reza; o como el robledal, cuya grandeza necesita del agua y no la implora...

¡Que muerda y vocifere vengadora, ya rodando en el polvo, tu cabeza!

Almafuerte

Y traigo este regalo para los emprendedores de nuestra ciudad, porque, aunque haya quienes no conocen este poema, estoy segura que lo han hecho vida muchas veces, porque emprender es eso: navegar la incertidumbre, experimentar la angustia de la insuficiencia de recursos, la decepción de las puertas que se cierran, la frustración de los planes que no salen, el peso de las responsabilidades y aun así, tomar la decisión de persistir. Los colombianos sí que hemos aprendido a sacudirnos el polvo y levantarnos cuantas veces sea necesario. Aunque la tierra se mueva, veamos el piso temblar y las cosas caer a nuestro alrededor, levantamos la cabeza, revisamos nuestras heridas e, incluso en medio de la dificultad, encontramos la manera de tenderle la mano a otros.

Tal vez ahí reside buena parte de nuestra fortaleza: en reconocernos heridos, cansados o asustados y pese a todo, encontrar el impulso para seguir adelante. Como dice el poema: pensarnos bravos y arremeter de nuevo.

Todos necesitamos un Piu Avanti: una palabra, una voz, una convicción profunda a la cual acudir cuando todo lo demás parece fallar. Una fuerza que no depende de lo que sucede afuera, sino que nace y se alimenta desde adentro. Que sea este el espacio para decirlo y escribirlo en vida: Gracias, papá, por tu presencia y por tu voz. Gracias porque me enseñaste que, como una flecha, necesitaba sentir la tensión del arco para tomar impulso, descubrir mi propio horizonte y atreverme a volar alto. Tu Piu Avanti vive en mí.

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Por Diana Herrera Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

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