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Julián Posada
Columnista

Julián Posada

Publicado el 27 de junio de 2020

Plegaria

Solo nos va quedando la plegaria, son días mustios, giramos en círculos y nos mordemos la cola, ¿qué hemos construido? siento rabia frente a nuestra indolencia, este encierro parece exacerbar las agresiones de todo tipo contra las mujeres, lo habían anticipado los expertos pero estamos descubriendo no solo las aterradoras historias del confinamiento sino también las que lo han antecedido. Me ofenden mis hermanos que en manada y con su traje camuflado que los hace sentirse superiores ultrajaron a la niña de esa casa, que deberían ser todas las niñas de todas nuestras casas, me agrede el gobernante que usa su poder y el dinero de nuestros impuestos para tratar de extorsionar a los medios y así limpiar su imagen a través de una pauta disfrazada de free press, esa es otra forma de violencia, me ofende el famoso que usa su prestigio para manosear, violentar y acosar a tantas, indigna el silencio de instituciones como Eafit, la Universidad de Antioquia o la Red de Escuelas de Música frente a las denuncias de acoso de algunos de sus profesores. Solo queda anhelar que algún día la construcción de la masculinidad no se haga desde la negación y el silenciamiento de la mujer y lo femenino, hoy me avergüenzan mis congéneres y siento asco frente a esta justicia que siempre cojea y reduce cada caso a un simple número que alimenta las estadísticas de este río de violencia que no para ... hoy cedo este pequeño espacio y mi voz a una madre amiga que en las redes sociales manifestó su dolor por lo que hemos visto, ella es la diseñadora Isabel Henao que bajo el conmovedor retrato de una mujer de la comunidad Emberá Chamí realizado por su esposo Manuel Olarte escribió lo siguiente “hace unos años, mi esposo hizo esta serie de retratos de mujeres Emberá, con sus rostros cubiertos (con sus manos). Todas hacían parte de una comunidad desplazada, que vivía en Bogotá en condiciones de abandono. Abandono de gobierno, de esperanza, abandono de su entorno mágico y ancestral. La noticia avergonzante de una niña Emberá, ultrajada por quienes ni deberían llamarse hombres ni mucho menos soldados, trajo a mí este recuerdo “en el universo Emberá Chamí cada persona, animal, planta, cosa y fenómeno natural tiene un JAI: una personificación de la energía que le da vida. El jaibaná, el chamán chamí, tiene el poder de comunicarse con los JAI y convocarlos con su canto para curar a las personas y a la tierra”. Hoy con nuestras voces le pedimos a los JAI que sanen tu cuerpo y tu alma, que sientas el amor que te enviamos y el compromiso de que esto NUNCA más suceda”.

Ese canto a los JAI debería ser nuestra única plegaria en estos días, cada ruego debería propender por la sanación del cuerpo y el alma de la niña y de quienes desde la fuerza y con sevicia la violentaron, no creo en estrenar ninguna pena, no creo que baste la condena, creo en intentar una sociedad más justa en la que la fuerza y la violencia no sean el único instrumento que emplean algunos para hacerse oír.

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