Por supuesto que hay muertos malos.
Una de las formas más sofisticadas de la perversidad es la purificación, la limpieza de las culpas por la vía funeraria.
El 23 de noviembre de 1975, Francisco Franco fue sepultado en el Valle de los Caídos. De su muerte natural escribió Juan Goytisolo: “Era torturado cruelmente por una especie de justicia médica compensatoria de la injusticia histórico-moral que le permitía morir de vejez, en la cama”.
La semana anterior, el gobierno de Pedro Sánchez determinó que los restos del Generalísimo deberán ser trasladados. Carmen Calvo, la vicepresidenta, dijo: “Un dictador no puede tener una tumba de Estado en una democracia consolidada”. En varias ocasiones, sin suerte, habían surgido proyectos políticos de exhumación;...