The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 13 de abril de 2019

Por qué necesitamos a “Game of Thrones”

“Game of Thrones” regresa el 14 de abril, y con él, el inevitable embate de los memes de “el invierno finalmente está aquí” y una repentina obsesión con los dragones, los caballeros y las políticas feudales internas. Pero el programa no es sólo cálidos y fantásticos tropos. Sus conflictos se han convertido en parte de nuestro discurso público, y Westeros, su reino ficticio, se ha convertido en una alegoría para Estados Unidos.

Esta no es la primera vez que una fantasía medieval ha servido para este propósito. “El señor de los anillos” surgió de las experiencias traumáticas de J.R.R.Tolkien como soldado en la Primera Guerra Mundial. Alcanzó gran popularidad en EE.UU. durante los años 60 y 70, cuando los hippies bromeaban sobre la elección del sabio hechicero Gandalf como presidente y llevaban los botones “¡Frodo Vive!”, un emblema de su solidaridad con la vida idílica, comunal del Condado.

Después de los ataques del 11 de septiembre, el masivo juego de múltiples jugadores “World of Warcraft” dominó ese mercado global. Su historia de una guerra entre la Horda liderada por orcos y la Alianza liderada por humanos estaba ubicada en un mundo fantástico medieval de sumersión, con intrincados detalles. Las novelas de Harry Potter de J.K. Rowling en las que los jóvenes héroes luchan contra un malvado mago que pervierte la democracia, escalaron las listas de los más vendidos durante el mismo período. La magia gobierna todos estos reinos, reduciendo complejos conflictos sociales y políticos a batallas por brujería y hechizos.

Cuando hay problemas en la tierra, parece, nuestro apetito por la narrativa nos lleva a retroceder en el tiempo, ofreciendo escape en historias en un mundo anterior a Estados modernos y tecno-capitalismo.

Pero el escapismo no es sólo un vuelo lejos de la realidad. Ursula Le Guin, la celebrada autora de fantasía, una vez preguntó, “¿Si un soldado es encarcelado por el enemigo, no consideramos que es su deber escapar? Ella estaba escribiendo sobre Tolkien, alegando que el escapismo en todas sus formas es una estrategia de supervivencia, una forma de pensar en cómo salirnos de las trampas. En las novelas “Earthsea” de Le Guin, los hechiceros hacen magia con palabras, tratando de prevenir una enfermedad global que se arrastra, en esencia, contando la historia correcta. Si pensamos en la fantasía como una forma de escapar de un destino oscuro, “Game of Thrones” es una llave maestra. En ese caso, ¿cuál es la prisión? ¿Y por qué el camino siempre parece guiarnos a través de la Edad Media?

Una posible respuesta es que “Game of Thrones” realmente no se trata del pasado. Encaja dentro de una larga tradición de libros que sugieren que el futuro lejano de nuestro planeta podría parecerse bastante al pasado lejano. La idea data de generaciones. En la pulposa novela de Edgar Rice Burroughs, “Una Princesa de Marte”, una civilización medieval marciana es todo lo que queda de un mundo previamente hiper-civilizado y tecnológicamente sofisticado. El popular “Mundo Moribundo” de Jack Vance en los años 50 imaginó una tierra tan vieja que su sol se está desvaneciendo, la luna desapareció y la magia gobierna. Más reciente “Cloud Atlas” de David Mitchell y la trilogía “Broken Earth” de N.K. Jemisin sugieren que el futuro lejano podría parecerse mucho a la historia antigua. Ambos autores describen mundos en los que las personas han regresado a formas de vida neolíticas o medievales, en gran parte porque sus civilizaciones han cometido errores políticos y ambientales catastróficos.

No es fácil imaginar nuestro futuro lejano sin la ficción. Tenemos modelos de computadoras para predecir lo que siglos de cambio climático podrían hacerle al planeta Tierra, y algunas nociones vagas de cómo esto podría transformar nuestros sistemas sociales y económicos. Pero cuando la crisis actual se trata de elecciones y recesiones económicas, es difícil tomar decisiones que toman a ese mundo lejano en cuenta.

Tal vez “Game of Thrones” funciona como un botón de reinicio cultural, invitándonos a imaginar cómo podríamos rehacer la nacionalidad y el industrialismo si tuviéramos la oportunidad. ¿Qué tal si pudiéramos reingresar a la era moderna, y esta vez hacerlo bien? Tal vez esta vez, déspotas iluminados no aplastarán a los campesinos en una guerra sin fin.

Es por eso que las historias pseudo-históricas son, extrañamente, la clave para pensar en lo que está por venir para el planeta Tierra. ¿Los muros fronterizos fortificados serán todo lo que queda después del desastre climático? Como otras historias medievales, “Game of Thrones” no es una alegoría precisa. En cambio, sacia nuestra sed por las narrativas que nos recuerdan que la humanidad tendrá un futuro lejano, en cualquier forma que tome. Lo estamos construyendo ahora.

En el futuro cercano, a medida que enfrentamos la posibilidad cada vez mayor de una catástrofe, tenemos que desatar nuestra imaginación. La necesitaremos para encontrar la ruta de escape.

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