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Juliana Velásquez Rodríguez
Columnista

Juliana Velásquez Rodríguez

Publicado el 08 de mayo de 2022

¿Qué nos pasó a las mujeres en la política colombiana?

El vicio del multitasking me ha acompañado gran parte de mi vida. Unos lo toman como una virtud casi mágica; otros, como un defecto, y yo me voy inclinando más hacia lo segundo conforme voy madurando. Sin embargo, el multitasking me ha servido en cumplir el propósito de ser integral en mi rol de profesional, y eso incluye, además de mi carrera, tres cosas: Hacer parte de por lo menos una Fundación, apoyar el emprendimiento y participar por lo menos una vez en la vida en procesos políticos, no necesariamente electorales. Desde mi perspectiva, la política es inherente a nuestro ser social. Por lo tanto, la indiferencia ante los fenómenos políticos destruye nuestra sociedad, nuestro poder de decisión y, lo que es claro, nuestro poder de discusión. En este proceso nuevo y desconocido para mí, me he encontrado con una realidad triste, pero usual: las brechas de género en el ejercicio de la política.

No me quiero centrar en fórmulas vicepresidenciales, pues considero que, antes que un enfoque de género, el vicepresidente debe ser alguien con quien el candidato considere que tiene la conexión para trabajar en equipo y quien tiene las capacidades para liderar el país. Y, además, ¿por qué siempre mujeres en fórmulas vicepresidenciales como un lleno de requisitos sin sentido? ¿Por qué no hemos visto candidatas presidenciales que sean una opción real para el país? ¿Qué nos pasó a las mujeres en política?

Podemos mirar cifras, que siempre son desalentadoras; por ejemplo, la Asamblea de Antioquia, que tiene una sola diputada. De acuerdo con las Naciones Unidas, hasta septiembre de 2021, 26 mujeres en todo el mundo son jefes de Estado o gobierno. Nos demoraremos 130 años en lograr equidad de género en política. ¿Qué nos pasó?

Nos pasó que no somos formadas en el ejercicio de la política desde que somos niñas. En el país del que hable más duro habla mejor, la voz de una mujer en política puede parecer muy débil o muy fuerte, pero nunca a tono. Nos pasó que no tenemos el tiempo suficiente, pues este parece ser un trabajo que demanda las 24 horas del día los 7 días de la semana y se corre el riesgo de sacrificar la familia, con consecuencias nefastas. ¿Cuántas mujeres han logrado en política unir su rol personal con su profesional? Pocas, y con unas características casi heroicas. Nos pasó que los partidos políticos no se comprometen en términos prácticos con formar mujeres que sean buenas opciones en sí mismas, y no una foto. Los mejores centros de pensamiento del mundo están de acuerdo en algo: para transformar verdaderamente el sistema, se necesita elegir a más mujeres y jóvenes (Futurelect). ¿Y cómo elegimos más mujeres y jóvenes? Creando escuelas de liderazgo en todas las regiones del país, con enfoque en gobiernos locales y juveniles. Gobernando desde las regiones, pues esto facilitaría el ejercicio de más mujeres cabeza de familia en el gobierno central. Generando espacios de discusión pública de mujeres sobre distintos aspectos de la política local y nacional. Y muchas otras opciones que formen lideresas políticas en todo el territorio y que la gente las vea y las vote. No es ajeno que aquellos países que manejaron mejor la pandemia del coronavirus fueron aquellos manejados por mujeres.

Quisiera dejar una reflexión, pero con llamado a la acción: La Unión Interparlamentaria (UIP), que se ha dedicado a la investigación y la recopilación de datos sobre las mujeres en los parlamentos, respaldó las iniciativas de las Naciones Unidas para lograr la participación plena de las mujeres en la política y su declaración de 1992 concluye perfectamente esta columna: “El concepto de democracia solo tendrá un significado verdadero y dinámico cuando las políticas y la legislación nacional sean decididas conjuntamente por hombres y mujeres y presten una atención equitativa a los intereses y las aptitudes de las dos mitades de la población” 

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