Cada vez que escucho la palabra Odebrecht, todo se me revuelve. La verdad, dan náuseas y asquea saber hasta dónde llegaron y más allá de eso, repugna ver que muchos de los que jugaron a hacerse ricos tan bandidamente, son los que controlan el poder público, los que tienen la tarea de llevar a la sociedad por la senda del desarrollo, gracias al voto de confianza que los ciudadanos depositaron en ellos por obra y gracia de la democracia.
Da rabia y mucha ira, por no decir menos. Lo peor de todo es que las nuevas revelaciones hechas por la Fiscalía sobre la actitud sobornífera de Odebrecht con congresistas y servidores públicos, acrecienta esa sensación de asco. La Fiscalía reveló la semana pasada que la constructora brasileña pudo haber pagado...