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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 17 de noviembre de 2021

¡Que vivan los emprendedores!

La reactivación económica destapó un furor de emprendimiento. Mientras en Estados Unidos los empleados y trabajadores renuncian a sus puestos, en Colombia los jóvenes se lanzan a fundar negocios. Allá se aburrieron de calentar asientos en las oficinas y de empujar máquinas. Aquí se dieron cuenta de que se acabó el empleo.

El viejo sistema de la hoja de vida y la espera angustiosa dio paso a la audacia. Internet armó de fuerza a los muchachos que ven cómo se marchitan sus padres al final de la vida, cuando los condecoran por haber obedecido demasiado.

Las palabras del poeta Rogelio Echavarría resuenan en el inconsciente de los recién venidos a la vida adulta, que nunca lo han leído: “El hombre se defiende de la muerte / en la noche, y todas las mañanas / debe luchar contra el puñado de ávida ceniza / que le adelanta a su sepulcro / la vida”.

Entonces se levantan con una idea en la cabeza. Soñaron con una camiseta en inglés o con zapatos de lona impermeable o con esa cachucha estampada que los trasnocha desde niños. Bosquejan sus atuendos originales, dan una mirada a sus ídolos koreanos con ka, se asocian con sus semejantes de generación.

Otros se enfilan en la gastronomía. Ensayan fórmulas de comida rápida, bautizada en un idioma híbrido y sin diccionario: fasfú. Los más conscientes optan por platos veganos, nada de carnes, todo de hojas, flores para mascar, leche sin vaca. Les dan sabor sutil a sus hamburguesas descafeinadas y ofrecen sus menús con nombres de canciones.

Hay quienes fundan empresas de mensajería, con “socios” en vez de trabajadores. Convierten las bicis en esqueletos con trueno, se olvidan de que existen las contravías, hacen de las calles sus oficinas a campo abierto. Eso sí, conjugan a la maravilla el verbo “monetizar”, al que le suman el significado de hacerse ricos antes de los 40.

Los emprendedores son hijos de la pandemia. Tuvieron suficiente tiempo durante los confinamientos para imaginar. Hacen cursos virtuales con juveniles expertos gringos que los animan a perseverar y a parecerse a ellos, que van de salida de la vida productiva y viajan en avión propio con atuendos de entre casa para que no se note cuánto aman el dinero.

Estos ya no son emprendedores, son empresarios. Para completar sus vidas no les alcanzarán tres planetas 

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