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Por Rafael Nieto Loaiza - opinion@elcolombiano.com.co
Urabá es una de las regiones con mayor potencial estratégico de Colombia. Su riqueza no se limita únicamente a su reconocida producción agrícola bananera sino que se extiende a su ubicación geográfica privilegiada, su capacidad productiva, su talento humano y, ahora, a la consolidación de una infraestructura clave para el desarrollo nacional: Puerto Antioquia.
Históricamente, Urabá ha sido el corazón bananero del país, líder en la producción de banano y plátano de exportación, con cerca de 50 mil hectáreas. Sin embargo, su vocación productiva va mucho más allá. La región cuenta con una importante y creciente producción de palma de aceite, arroz, cacao, maracuyá y coco, además de cerca de 450 mil h dedicadas a una gran producción ganadera que la posiciona como una de las despensas agrícolas más importantes de Colombia.
Esta diversidad productiva y su ubicación geográfica convierten a Urabá en un territorio con ventajas comparativas únicas para abastecer tanto el mercado interno como el internacional.
La puesta en marcha de Puerto Antioquia marca un antes y un después para la región. Este proyecto no solo reduce tiempos y costos logísticos para los exportadores, sino que abre la puerta para que grandes empresas nacionales e internacionales se establezcan en Urabá, atraigan inversión, generen empleo y fortalezcan las cadenas productivas.
Con un puerto moderno y competitivo, Urabá deja de ser un territorio periférico para convertirse en un nodo estratégico del comercio exterior colombiano, capaz de dinamizar la economía regional y nacional.
A pesar de su enorme potencial, Urabá enfrenta profundas problemáticas sociales y estructurales. Deficiencias en la infraestructura vial, acceso limitado a servicios públicos de calidad, brechas educativas, problemas de seguridad y una histórica ausencia del Estado han impedido que la región crezca al ritmo que merece.
Estas necesidades no solo afectan la calidad de vida de sus habitantes, sino que también limitan el aprovechamiento pleno de las oportunidades que hoy se presentan con el desarrollo portuario.
Para que Urabá logre consolidarse como el gran polo de desarrollo que puede ser, se requiere una visión estratégica de largo plazo. Esto implica inversión sostenida en infraestructura vial y ferroviaria, fortalecimiento de la educación técnica y superior, apoyo al sector agroindustrial, planificación urbana, protección ambiental, seguridad jurídica y una política clara de atracción de inversiones.
Es fundamental reconocer el esfuerzo de los empresarios que, muchas veces sin el respaldo del Gobierno, han apostado por Urabá. Gracias a su visión, resiliencia y compromiso, la región ha logrado posicionarse como un referente agrícola y hoy cuenta con proyectos de talla internacional como Puerto Antioquia.
Estos empresarios han demostrado que Urabá es una tierra de oportunidades y que, con condiciones adecuadas, puede competir a nivel global.
El Gobierno tiene el deber de acompañar este proceso con acciones concretas: inversión en infraestructura, seguridad jurídica, fortalecimiento institucional, presencia estatal efectiva y políticas públicas que impulsen la industrialización y el empleo formal. No se trata solo de apoyar grandes proyectos, sino de garantizar que el crecimiento sea inclusivo y sostenible.
Después de visitar siete de sus municipios, de hablar con líderes políticos, empresarios y sindicatos, no tengo duda de que el futuro de Urabá es prometedor. Con Puerto Antioquia como motor de crecimiento, la región tiene todo para convertirse en la zona bananera e industrial más importante del país, un hub logístico e industrial de alcance internacional y un punto estratégico para el comercio del Caribe.
Urabá, a partir de Puerto Antioquia y de los otros dos proyectos portuarios de la zona, puede ser un jalonador del desarrollo nacional en las próximas décadas. Para eso es indispensable que se construya un plan estratégico a mediano plazo que determine las necesidades de infraestructura, servicios y educación para el empleo que se requieren para la transformación de la región en un gran centro industrial nacional.