Hace pocos días, en Lisboa, me asusté viendo el noticiero de la televisión. Apareció en la pantalla un portaaviones ruso deslizándose ante las costas europeas, rodeado de naves patrulleras. ¿Qué mal habría, pensé después, en mostrar el garbo de un navío ruso?
Nada y todo. Si fueran normales estos días, eso sería tan banal como ver desfilar un portaaviones de la armada estadounidense rodeado de poderosos navíos protectores.
¿Por qué, pues, el susto? Porque las cosas están cambiando y cada vez hay más riesgos y miedos en el aire.
Pasados muchos años después del deshielo de las relaciones entre la China comunista y Estados Unidos (pasmosamente iniciado por Richard Nixon y Henry Kissinger) en los años 70, y del fin de la Unión Soviética en 1991, nos...