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Regionalización o catástrofe

No es justo que regiones que luchan, trabajan con pasión y coraje, tengan que cargar sobre sus espaldas con otras.

hace 53 minutos
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  • Regionalización o catástrofe

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Abelardo De la Espriella anunció que Barranquilla, en especial, y Medellín y Cali, serán sedes presidenciales alternas de Colombia. En ellas despachará parte de su tiempo. Repetirá la fórmula de su cuasi paisano Rafael Núñez, quien se fue no solo a ejercer la jefatura del Estado a Cartagena, lejos del frío bogotano, sino a gritar “Regeneración o Catástrofe”. Con la diferencia de que Núñez fue un centralista intransigente y Abelardo se muestra como descentralista convencido.

Teniendo ese gesto un gran valor –que deberá consagrase en una reforma a la Carta– opinamos que una de las más inaplazables modificaciones en el cuerpo del Estado colombiano es la descentralización regional, con total independencia tributaria de la Nación, como lo planteó hace pocos días en el Túnel del Toyo el gobernador de Antioquia Andrés Julián Rendón. Con firmeza, con conocimiento de causa, el gobernante paisa, al hablar de la libertad de los departamentos, abogó por la autonomía absoluta de las regiones a través de una reforma desconcentradora. Apoyó la iniciativa de definirle una fuente de financiación a la descentralización, no como una limosna participando simplemente de los ingresos corrientes de la Nación, sino con la propiedad y titularidad de los impuestos de renta y patrimonio. El Gobierno Central “se despojará de estos dos tributos, pero también de las obligaciones que financian las mal llamadas transferencias en salud, educación, recreación, cultura, deportes, entre otras”.

Esa propuesta del mandatario antioqueño –ya su grito sería “Regionalización o Catástrofe”– es la mejor manera de acabar con la inestabilidad fiscal y hacer que cada quien marque su destino con responsabilidad. No es justo que regiones que luchan, trabajan con pasión y coraje, tengan que cargar sobre sus espaldas con otras en donde el trabajo y el tesón para buscar el desarrollo, son palabras que desfiguran a través del ocio, del despilfarro, de la politiquería, mirando como sonámbulas tan solo el paisaje. Con razón sentenció el gobernante paisa que “la riqueza de Colombia que se genere en las regiones, se quede en las regiones”. Esto despertaría de la abulia a quienes se mueren en la pobreza, sentados sobre riquezas naturales inexplotadas, y crearía la sana emulación para explotar adecuadamente lo que la naturaleza les ha dado. Por eso, como decía el gobernador Rendón, “el arreglo institucional que hoy tenemos no desarrolló las regiones más apartadas, sino que les puso freno a las regiones que, como Antioquia, cuentan con más capacidades”.

Si bien es interesante, como comienzo para romper el asfixiante centralismo, tener algunas sedes alternas para ministerios y organismos del Estado en regiones en donde las actividades económicas y las necesidades sociales lo justifican, encontramos en las tesis del gobernante antioqueño un pensamiento más pragmático y una idea más sólida, porque con ellas se llega a la verdadera autonomía en donde se fortalecen los departamentos con la emulación. Ya lo dijo el filósofo Enrique Serrano, asesor de Abelardo: “Lo que ha salvado a Colombia han sido sus regiones”.

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