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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 03 de julio de 2021

Responso por los muertos del covid

Se han muerto tantos y se siguen muriendo tantos cada día, solos y sin la compañía de los parientes, amigos y allegados que hubieran querido despedirlos. Esa soledad en la hora de la muerte y a la hora de ser cremados o sepultados, acaba siendo una segunda muerte. Para esos muertos, estos anónimos responsos, textos tomados de viejas columnas mías. Una breve antología del padre Nicanor Ochoa, mi viejo tío cura.

“Dios es un alfarero. Qué bellas sus manos hundidas en la arcilla, moldeándola, acariciándola. Pero ningún alfarero se queda con la vasija moldeada, por más amor que le haya puesto a su arte. Tiene que meterla al fuego. Quemarla. Y él sabe que, una vez horneada, será frágil. Tarde o temprano se quebrará. Mirar la muerte a la luz de Dios es saber que sus manos de alfarero están siempre ahí para recoger los despojos... Eso es la muerte. Entonces es ya alfarería de eternidad. No luches contra la tristeza que deja una muerte. Acéptala y verás que ella misma te enseñará que nada es absurdo y que no hay separaciones definitivas. Creer en Dios es sentir a todas horas sus manos de alfarero. Y saber que en la tarde de la vida recogerán amorosamente nuestra arcilla rota. Arcilla que en sus manos resucita”.

“Lo que sientes en ese llanto por el ser querido que se ha ido, no es dolor; es una forma de ternura. Porque su vida al fin se desgonza definitivamente en las manos de un Dios amoroso, único capaz de recoger los despojos de la ardida existencia del ser humano. Porque la muerte del ser querido rompe los diques de ternuras contenidas que tal vez no fuimos capaces de expresar en vida y se agolpan ahí, en ese momento irreversible. Es una ternura tan honda, que se vuelve tristeza. Y una tristeza tan avasalladora que se convierte en ternura”.

“A la vuelta de los días, pasada la tormenta, vas a encontrar que sí es posible la ausente presencia. Cuando aceptes la ausencia defini iva, amanecerá también para ti la presencia definitiva”.

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