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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 15 de junio de 2022

Rusia y las fracturas expuestas

Aun con la aparente recuperación de la iniciativa rusa en las últimas semanas en el campo de batalla de Europa oriental, Ucrania se le convirtió a Vladímir Putin en un problema mayúsculo. Es ya, en este punto del conflicto y tras decenas de miles de muertos, un golpe prolongado que ha dejado expuestas las fracturas de su poder, la fragilidad de su orgulloso ejército y los vacíos de una política internacional que el Kremlin construyó por décadas con aparente meticulosidad. Rusia perdió la iniciativa que, como potencia emergente, había delineado desde el inicio del siglo XXI por un zarpazo que fue demasiado lejos. Un mordisco tan sorprendente como torpe.

Tendremos que esperar aún algún tiempo para conocer cómo terminará esta guerra, cómo saldrá Ucrania de ella y hasta qué punto se afectará el propósito de Putin de usar el conflicto para atornillarse políticamente en su país, pero podemos decir, sin temor a ser precipitados, que un efecto inmediato es el fortalecimiento de la Otan. Una organización que estuvo adormilada por años y que luego Moscú —torpemente para sus intereses— logró revitalizar. La intención de Finlandia y Suecia por ingresar en ella es una prueba irrefutable de los nuevos aires militares que vuelan por Europa y de cómo la decisión invasora de Rusia fue una bala que actuó como un boomerang para finalmente herir a quién la disparó.

De igual forma, el envalentonamiento de Turquía, que se muestra inquieta por el ingreso de las dos naciones en la Otan y por ahora se opone al proceso, es una consecuencia inesperada del conflicto. Jens Stoltenberg, secretario general de la organización, ha tratado de calmar las aguas para evitar un dolor de cabeza interno y dice que las dudas del gobierno de Recep Erdogan sobre los posibles nuevos miembros son válidas. “Hay que sentarse a hablar”, aseguró Stoltenberg, y la frase es toda una declaración de intenciones y de nuevas realidades. El hecho de que Ankara pusiera freno al proceso habla de un reacomodo importante de la geopolítica de la zona.

Desde el otro lado del mundo, Estados Unidos arma a los enemigos de Rusia, sanciona económicamente a las instituciones y a los ricos de ese país, recalcula sus lazos con Europa y espera. Apuesta al desgaste. Para la administración de Joe Biden, errática en lo internacional en estos dos años de mandato, la guerra ucraniana se convirtió en prioridad y en el eje sobre el cual está construyendo su discurso diplomático.

En últimas, la invasión de la que el mundo se escandalizó en febrero, y de la cual hoy se habla mucho menos en los medios, nos está dando una muestra de un poder fragmentado, tendiente con fuerza a lo multipolar, con hegemonías que tambalean y potencias que miden cada paso con cuidado porque el más mínimo error de cálculo puede salir demasiado caro 

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