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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 23 de julio de 2021

Saber descansar

Saber emplear el tiempo es uno de los grandes desafíos de la pandemia. Tiempo, el instante que pasa sin cesar. Que la insonora catarata del tiempo nos mantenga vigilantes mirando, escuchando, oliendo, gustando, tocando, pensando y recordando con amor. Milagro de milagros, tan bien conocido de los místicos por experiencia, el tiempo en trance de eternidad.

Trabajar es ocuparse en una actividad física o intelectual, y descansar, diferente a hacer pereza o perder el tiempo, es cesar en el trabajo, con el fin de reparar las fuerzas en la quietud y el silencio. Y así, cuanto más reparadas están mis fuerzas, con más destreza, entusiasmo y creatividad regreso a trabajar.

Hago pausas de minutos, horas, días y hasta semanas, para escuchar los latidos del corazón, sentir correr la sangre en mis venas, sentirme con igualdad tranquila y pacífica en toda adversidad, y sobre todo para cultivar mi mirada penetrante, que despierta en mí la admiración y la alabanza.

La humanidad de Jesús aparece tierna y compasiva en su invitación: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso” (Mt 11, 28-30). Jesús, maestro del sosiego, la quietud y el descanso.

El hombre del siglo XXI, víctima del atropellamiento de los medios de comunicación, desconoce el arte de descansar, de hacer ocio, de dedicarse tiempo para el asombro de descubrir el tesoro que es. Así como ciertas fermentaciones químicas solo se dan en lugares quietísimos, con mayor razón el ser humano necesita sosiego, silencio y soledad para cumplir su misión de lugarteniente del Creador.

El génesis dice que Dios creó todo en seis días y el séptimo día descansó. En “Jesús de Nazaret I”, Ratzinger escribe: “Aquí podríamos reflexionar sobre lo saludable que sería también para nuestra sociedad actual que las familias pasaran un día a la semana juntas, que la casa se convirtiera en hogar y realización de la comunión en el descanso de Dios”.

Hago de la pandemia la oportunidad para cultivar el descanso en busca del máximo beneficio, el de contar con un espíritu creador que descubre sin cesar nuevas facetas de la continua novedad del Creador.

Para el Maestro Eckhart (1260-1328), “cuanto más vemos en Dios todas las cosas, más se complace Dios con nosotros”, el secreto de la felicidad. Si al descansar, intensifico mi oración, mi relación de amor con Dios, más “veo en Dios todas las cosas”. El placer que el hombre actual tiene por descubrir y disfrutar, fruto del descanso

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