Las palabras tienen un significado y cambiarlas, o tratar de darle vuelta a lo que dicen, busca siempre un propósito. No es nuevo. Los comunistas son expertos. Porque lo saben, por ejemplo, llaman “democracias populares” a sus regímenes dictatoriales. Así, la Alemania comunista, una tiranía hasta los huesos, se llamó República Democrática Alemana. Y a sus órganos de dirección, una oligarquía de la peor especie, los denominan “comités populares” y cosas parecidas.
En el mundo contemporáneo el asunto se ha sofisticado y, a partir de la sicoterapia, se ha desarrollado una técnica, la programación neurolingüística, que busca modificar nuestras conductas y nuestras emociones a través de la influencia que en ellas tiene el lenguaje.
Aunque es evidente...