Hoy en día, con alguna frecuencia, nuestra capacidad como padres se mide por los esfuerzos que dediquemos a mantener a los hijos cómodos y divertidos o por lo menos ocupados. Como consecuencia, se ha asumido como una obligación propia de ser buenos padres el asegurarnos que ellos estén siempre contentos o por lo menos distraídos.
De ahí que los niños vivan hoy sobrecargados de clases y actividades, y que cuanto minuto les quede libre se conecten a la televisión o la computadora para que los distraiga. Lo que es inexplicable es que, a pesar de todo lo que tienen para divertirse, hoy más que nunca viven inconformes y se quejan de que están aburridos. Se podría pensar que, al vivir entretenidos con el mundo exterior, se sienten solos y vacíos...