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José Guillermo Ángel
Columnista

José Guillermo Ángel

Publicado el 26 de octubre de 2019

SOBRE RECORTES

Estación Tijera, a la que llegan toda clase de propuestas para quitar de aquí y de allá, sacando de un lado y colocando en el otro, dañando todos los conceptos de calidad (seguir un orden sin quitar nada en el proceso para que el producto sea el debido) y creando descontentos, pues lo que se aduce no tiene piso y, si lo tiene, acredita fisuras, huecos, salidas escondidas, malas jugadas (chutes por donde no es), planeación con desespero, necesidad de milagro y dale que, en esto de recortar lo que ya estaba completo, lo que tenía forma se deforma, se pierden los objetivos y las tallas no se cumplen. Y si bien sabemos que se recorta para pagar deudas adquiridas y acromegálicas (se deformaron con crecimientos no controlados), en cada recorte (menos en el de pelo y el de uñas) la gente se altera y pareciera que ya no cabe en la ropa debido a las estrecheces que quieren imponerle.

Esto de los recortes no es cosa nueva y tampoco el querer sacar de donde no hay. Las grandes revoluciones (la inglesa, la francesa, la de los Estados Unidos) se dieron (o al menos ese fue el pretexto) debido a cargas impositivas inadecuadas, recortes de derechos y malas administraciones del Estado. Y en cada una de ellas se combatió la corrupción, la miopía de los gobernantes, las malas transacciones, la ley recortada para algunos y el desasosiego creado por los dirigentes. Así, la historia nos ha dicho lo que pasa si no se gobierna bien, pero parece que lo olvidamos. O se quieren burlar unos síntomas que tienen causa y no nacen por generación espontánea, como a veces quieren presentar la propaganda y las fake-news.

Y esto de los recortes es peligroso, pues no solo se ve en la política y el desarrollo económico, sino también en otros campos como la construcción (cuando se recorta en materiales y cálculos), en la educación que exige el Estado (cuando se recortan materias en los pénsums y así terminamos haciendo cosas sin saber por qué las hacemos y cuáles son los efectos marginales), en la calidad de los productos etc. Y entonces, en esta contra-cultura del recorte que ha producido incluso un arte que no es arte, una música que no es música y una ciencia que se usa para defender intereses creados, la sinrazón campea libre y lo que nos pasa ya casi es imposible de recortar, pues sin líneas claras y objetivos concretos, el caos tiende a ampliarse.

Acotación: La tijera ha sido un instrumento útil para determinar límites, partir en partes proporcionales y, como en el caso de la navaja de Okham, cortar lo que no sirve a la manera de pensar, lo que estorba en un proyecto o lo que impide mirar la realidad. Y claro, con la tijera, mal usada, también se hacen daños.

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