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Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 17 de abril de 2021

¿SOMOS OBSOLETOS?

Esta es la mejor época para estar vivos, cuando todo lo que creías saber está equivocado. Estas palabras las escribe Tom Stoppard en su libro Arcadia, una obra de 1993 sobre la relación entre pasado y presente, orden y desorden, certeza e incertidumbre. Son dinámicas parecidas a las del presente. El peligro es que miremos lo que nos está pasando a través de los paradigmas del pasado, sin darnos cuenta de que el mundo está cambiando de manera vertiginosa. No hablo solo de la pandemia. Hablo en particular de lo que estamos viviendo como ciudad, marcada por la desconcertante administración del alcalde Quintero. Pero este alcalde no es propiamente la causa de lo que nos está pasando. Él más bien es la punta del iceberg de un fenómeno más amplio que trasciende a la misma Medellín.

Me refiero a la crisis de la democracia representativa y del capitalismo voraz. De hecho, nuestros representantes políticos, en Colombia como en Estados Unidos, y Europa, ya no representan la voluntad y las necesidades de la mayoría. Voy más allá: estas mayorías hoy ya no existen. De hecho, utilizando el mecanismo del consenso las democracias se ha reducido a una lucha por el poder, al control y hasta la captura de los recursos públicos. Hoy la democracia se limita a una dinámica de transacción, de “do ut des”, te doy para que tú me des. Es el fenómeno de la mermelada. En el mejor de los casos, enmascaran el placer por el poder con discursos nobles. Hasta en la oposición a Quintero, en los distintos frentes ideológicos, veo ganas de poder detrás de buenos propósitos. Porque, aun si con buenas intenciones, estamos jugando dentro de los mismos paradigmas pensando así de provocar el cambio. Pero es una ilusión. Quizás también por eso la oposición a Quintero ha sido poco eficaz y el alcalde ha podido seguir haciendo sus negocios sin ser molestado.

Pero el mundo está cambiando y deberíamos empezar a considerar que lo que sabíamos y hacíamos puede ser obsoleto; no es adecuado y puede ser hasta nostálgico. De hecho, estamos en la madrugada de una época donde el conflicto será cada vez más entre las posibilidades de una inteligencia artificial de centralizar el control de la economía (de hecho, China adora la inteligencia artificial) y la prospectiva ofrecida por la criptografía de un mundo cada vez más descentralizado e individualizado. O sea, un mundo donde el soberano será el individuo y no un estado definido por fronteras artificiales. Una realidad donde el estado y las formas democráticas así como la conocemos se volverán irrelevantes, y donde habrá la posibilidad de crear comunidades que se autorregulan a través de mecanismos de democracia directa; una sociedad de tribus donde los individuos son soberanos. Si en Medellín solo nos enfocamos exclusivamente en la oposición a Quintero, aún sin quererlo, perpetuamos lo que ya es obsoleto. Pero el mundo ya tiene otro rumbo. Lo que hay que engendrar es otra realidad y paradigmas que permitan de verdad que el potencial humano de cada uno se realice

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