Antioquia tuvo —y tiene en la memoria y el corazón— a una serie de personajes que podría revivir, por lo menos en los quirófanos de la tecnología, para recobrar una segunda vida que agradeceríamos: Montecristo, Tomás Carrasquilla, Ñito Restrepo, Cosiaca. Gente auténtica que resumía muchas bondades rescatables y defendibles de la antioqueñidad, de la “paisalandia” que a algunos les choca, pero que tiene adeptos y amantes por mil en el hemisferio. ¿Se acuerdan del paisano que descubrió Héctor Mora alquilando camellos en el desierto del Sahara?
En un reciente y corto viaje con un amigo, Alejandro, a ver un pedacito de tierra en el occidente de Antioquia, sobre una colina rala de San Jerónimo, él insistía en la manera en que la gente de nuestra región...