En una obra de teatro que vi hace un tiempo, representaban a un Borges que toda su vida pensó en una mujer que lo atrajo muchísimo en unas escaleras eléctricas del metro de París subiendo mientras él bajaba. Como nunca más volvió a verla, por más que la buscó en la rutina circular de sus paseos, toda la vida se preguntó quién podría ser, para dónde iría, qué hubiera pasado si él, en ese instante, se devuelve y le dice algo. La magia de la incógnita lo sostuvo mientras se quedaba solo y hacía hipótesis de lo que pudo haber sido. Al quedarse ciego, ese recuerdo lo acompañó más que nunca.
Cuando viajo en un bus, hago una fila, cuando salgo por ahí a ver gente, no dejo de sentir una extraña sensación cuando me percato de alguien que muy seguramente...