No soy de aquellos que se muestran complacidos con que las Farc puedan hacer política. No deberían. En una sociedad democrática los bandidos deben estar tras las rejas pagando por sus delitos y no ocupando cargos de elección popular. Que hagan política envía, de entrada, un pésimo mensaje de impunidad. Aún más dañino es que puedan hacerla sin haber expresado abierta y públicamente su arrepentimiento, sin haber contado la verdad sobre sus crímenes y sin reparar a las víctimas. Si todo ello no fuera ya muy malo, es todavía más grave que puedan hacer política con beneficios y privilegios que los ciudadanos de bien, que aquellos que nunca han delinquido, no tienen.
El principio de igualdad frente a la ley es la columna vertebral de la democracia....