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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 20 de agosto de 2021

Un buen médico nunca se olvida

Se me ocurre que es aún buen homenaje a los profesionales de la salud, que en esta época de pandemia todo lo entregan por los pacientes, recordar a alguno de los médicos antioqueños olvidados, cuyo nacimiento se dio en este mes de agosto. Son tantos que, para no ser injustos, solo tomo uno al azar. Todos ellos, por olvidados que estén, perduran en la memoria agradecida de un descendiente de alguno de sus pacientes. Esa memoria agradecida será un premio inmarcesible.

Según el “Almanaque Histórico de Antioquia” de José Solís Moncada, el 30 de agosto de 1860 nació en Sonsón el doctor Juan Bautista Londoño Isaza, médico y naturalista, quien moriría en Medellín el 21 de diciembre de 1951. Para quienes gustan de las genealogías, digamos que era hijo del médico Alejandro Londoño Mejía y de Nicolasa Isaza Ruiz, sus abuelos paternos fueron Joaquín Londoño Bernal, llamado El Rengo, y Teresa Mejía Mejía, y los maternos, Félix Isaza y Casimira Ruiz.

Luego de estudiar en Salamina, Medellín y Bogotá, se graduó como médico en esta última ciudad el 30 de marzo de 1884. Ejerció su profesión en varias poblaciones del sur de Antioquia antes de viajar a Europa en plan de estudios y, al regresar en 1889, se instaló en Medellín. Había traído un equipo de cirugía que, en la época, fue considerado el mejor de la ciudad. Llegaría a ser decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia entre 1921 y 1927 y fue uno de los fundadores del Hospital Mental de Antioquia. Al cumplir los 50 años como médico fue condecorado con la Cruz de Boyacá, habiéndose desempeñado, por lo demás, como diputado de la Asamblea de Antioquia, director de instrucción pública del departamento en 1910 y director departamental de higiene.

Fue un médico interesado en la botánica y las propiedades terapéuticas de las plantas, tanto que escribió el libro “Plantas medicinales de Antioquia” y dejó estudios sobre la coca, el árnica morada, el manzanillo, el culén, el drago y muchas plantas más con descripciones originales. Ademas escribió varias obras cortas, como “De Marmato a Marulanda”, “De Pácora a Aranzazu” y “Aguas minerales y sales de Antioquia y Caldas”. Colaboró con los periódicos EL COLOMBIANO, La Defensa y La Patria. Estuvo casado con Beatriz Greiffenstein Vélez, hija de Carlos Greiffenstein y María Antonia Vélez, y, como se dijo antes, falleció en Medellín el 21 de diciembre de 1951.

Algunos otros médicos antioqueños olvidados de agosto: Lino Zea Uribe (Titiribí, 1872-Bogotá, 1934), Enrique Palacio (Yarumal, 1882-Yarumal, 1956), Tamás Henao (Sonsón, 1854-Bogotá, 1918), José Pablo Gómez (Caramanta, 1870-Riosucio, 1925).

Corolario: un buen médico nunca se olvida

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