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Adriana Correa Velásquez
Columnista

Adriana Correa Velásquez

Publicado el 19 de febrero de 2022

Un canto para los abuelos muertos

El taita Luis Portilla murió en la luna nueva de este mes de febrero. Su nombre se suma a los 996 abuelos, abuelas y mayores muertos durante la pandemia, reportados por la Organización Nacional Indígena de Colombia en su último boletín. Luis vivía en Guarne y llevaba décadas dando medicina a quienes nos acercábamos. Venía del Putumayo, de una infancia en la que aprendió a conseguir dinero para huir de casa y a canjearlo por los secretos de un taita (médico tradicional y autoridad espiritual) que se convirtió en su mentor. A diferencia de otros, Luis no heredó su saber por linaje, pero sí de otro abuelo que le fue develando los misterios de la flora y fauna de la selva y la tradición del yagé o ayahuasca. De su mano aprendió la receta que combina el yagé y la chacruna, dos plantas de las que sale el brebaje sagrado de color castaño, cuyo nombre quiere decir enredadera del alma o soga del ahorcado, en alusión a la liberación que se siente cuando se toma.

Hoy se leen, en el muro virtual del taita Luis, mensajes de quienes estuvimos en su sencilla parcela, mientras explorábamos la inefable experiencia del conjuro de la naturaleza y un maestro que nos abrió las puertas a un mundo insospechado. Para muchos, la vida no fue la misma desde que tomamos su medicina.

El yagé es una de cientos de plantas medicinales que las comunidades indígenas han descubierto. En el piedemonte amazónico, Richard Evans Schultes —uno de los etnobotánicos más célebres de mediados del siglo XX— documentó más de dos mil plantas con potencial medicinal y quedó perplejo por la forma en la que los pueblos manipulaban dichas especies como diestros boticarios. Schultes recolectó estas plantas, las estudió y corroboró en muchos casos los usos y propiedades que las comunidades amazónicas le dictaron.

Al igual que Schultes, en la actualidad Occidente refrenda en laboratorios lo que los indígenas saben desde hace siglos sobre el descomunal herbolario que custodia la selva. El informe técnico sobre ayahuasca de 2021, publicado por Iceers (International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service), sintetiza la investigación disponible sobre este preparado. Los estudios señalan que la ayahuasca resulta fisiológica y psicológicamente segura y cuenta con un potencial terapéutico mayor asociado al tratamiento de la depresión y al del abuso de sustancias. Otros estudios han mostrado que contribuye con la neurogénesis (nacimiento de nuevas neuronas), toda una promesa para las enfermedades neurodegenerativas.

Hoy, cuando la luna está casi llena y muchos de los taitas o chamanes se preparan para hacer la toma de yagé, pienso en los abuelos y abuelas muertos y en su conocimiento desaparecido, pienso en la forma en que han adorado al sol, los pájaros, las plantas y han concebido la naturaleza como una extensión de sí mismos, nunca separada de ellos. Y pienso, sobre todo, en su sabia manera de reconocer en cada planta un doctor.

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