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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 21 de septiembre de 2021

Un figurín peligroso

Nayib Bukele, el presidente de El Salvador, juega por igual con la forma y el fondo. Con su peinado hacia atrás, sostenido por una pátina de gomina, sus trajes de sastres cuidados y su barba pulida; el mandatario de cuarenta años ha construido todo un relato sobre la juventud como virtud en un mundo conectado. Las redes son su megáfono, su demagogia parece omnipresente y el pragmatismo que lo enorgullece resulta con frecuencia ser puro maquillaje. Es popular, sin duda, con números de aprobación que superan el ochenta por ciento, pero fuera de sus fronteras las alarmas están prendidas por una deriva personalista que coquetea con el autoritarismo.

Y ahora, por primera vez, un grupo de ciudadanos ha decidido plantarle cara. La semana pasada, en un movimiento inédito para la actualidad salvadoreña, miles de personas salieron a las calles para criticar las últimas decisiones del presidente. La chispa que prendió la llama fue el hartazgo con la decisión del ejecutivo de imponer el Bitcoin como moneda oficial en el país y la obligatoriedad a los comercios de aceptar una criptomoneda cuyo uso para la mayoría de la población es complejo y poco práctico.

La absurda determinación motivó las protestas y reveló las fracturas de una presidencia que, gracias a sus mayorías en el legislativo, delinea los poderes nacionales a su antojo, interfiere en la justicia y pone jueces favorables, hace pactos con pandillas para disminuir la violencia en las ciudades y pretende transformar la Constitución para aprobar la reelección.

Siguiendo un manual, tanto de derechas como de izquierdas, ya visto en América Latina en el siglo XXI, el presidente de El Salvador se enfila contra cualquier crítico y lo convierte en enemigo. Su particular interpretación de la política pasa por asimilarse como encarnación de la nación, por eso aquellos que lo cuestionan o le muestran errores cometen una falta imperdonable: traicionar al país. Porque él es el mesías que no retrocede.

Bukele está convencido de que la luna de miel con sus gobernados le permite ahondar en sus propuestas, por más estrambóticas que sean. Y si encuentra una pared, como la que empieza a construirse con críticas externas e internas, la destruirá acelerando a fondo. Él es el dueño de la verdad y los equivocados siempre serán los otros, sean jóvenes con carteles, comerciantes angustiados o las mismísimas Naciones Unidas

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