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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 12 de febrero de 2021

UN LEPROSO ANÓNIMO

Los personajes anónimos son frecuentes en los evangelios. Manifiestan el arte magistral con que los evangelistas tratan el suspenso de los acontecimientos, dejando a la inteligencia interpretativa del lector el horizonte ilimitado del poder de lo imposible.

La lepra es una afección contagiosa de la piel, que entraña una impureza cultual y por eso excluye de la comunidad. Castigado así por el Creador, y considerado por eso un maldito, el leproso se siente viviendo en la mayor desventura. Según el Levítico (13,44-46), el leproso “andará de luto y despeinado, embozado y gritando: ‘¡Impuro, impuro!’... y vivirá aislado”.

Los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas hablan de un leproso, que Marcos presenta así: “En cierta ocasión, se le acerca a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme” (Mc 1, 4o). Este leproso anónimo es admirable por su fortaleza y su fe inquebrantable de encontrar remedio para su inmenso mal.

Marcos dice que Jesús, “compadecido de él, extendió su mano, lo tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio”. El leproso constató que la fe mueve montañas, pues el toque de Jesús lo llevó en un instante del infierno al cielo.

Para Marcos, Jesús despidió al que fue leproso prohibiéndole decir nada a nadie sobre lo acontecido, como si le fuera posible guardar una bomba atómica en el pecho. Por lo cual, el leproso, en cuanto se fue, “se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad”.

La Biblia no es un libro de ciencia, no está hecho para informar de nada. Es un libro de fe para la fe, cuenta cómo acontece Dios en el hombre y en la creación. El lector encuentra aquí un testimonio asombroso del poder sin límites de Jesús, Dios hecho hombre, sobre todos los elementos de la creación. Osada invitación a experimentar el “toque” salvador de sus manos, humanas y divinas.

El evangelio cuenta lo que un día pasó y sigue pasando en el universo entero. Los evangelistas son reporteros consumados, que saben poner la fantasía al servicio de la realidad con una fuerza avasalladora, de manera que su palabra adquiere un contenido nuevo, fruto de su experiencia. El lector tiene la oportunidad de participar también en la creación de un mundo nuevo.

La confianza sin límites con que el leproso se acerca a Jesús es digna de la máxima admiración, ejemplo portentoso para el hombre de la pandemia del siglo XXI

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