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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 23 de agosto de 2021

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa

A un tal un filósofo de Buga le atribuyen este dicho: “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

La frase cae como anillo al dedo para clarificar la polémica por la condena que le impusieron a Daneidy Barrera, la famosa Epa Colombia, hoy es empresaria reconocida de peluquerías y keratinas para el pelo. Fue por allá en el paro nacional de 2019 cuando vimos a esta mujer, con martillo en una mano y aerosol en la otra, destruir y grafitear las instalaciones de Transmilenio en Bogotá. Mientras lo hacía, y valiéndose de su calidad de influenciadora, también dejaba un mensaje en las redes sociales incitando a actuar sin medir riesgos y a sembrar el terror en una sociedad que es polvorín por donde se mire.

Con la vehemencia del sabio y el salvajismo del que opina sin criterio, no faltó quien calificó como un exabrupto judicial, desproporcionado y salido de contexto, los cinco años de condena en prisión que le impusieron, porque en Colombia pasan cosas peores y no se castiga con tanta vehemencia a los de cuello blanco, los corruptos, los asesinos, los violadores, los guerrilleros, los paramilitares y los miembros de la fuerza pública, en fin.

Sí, eso pasa en Colombia, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Lo hecho por Epa Colombia fue grave y no se le pueden mezclar otros asuntos. Dice el fallo que “el hecho de que la procesada haya creado y pregonado un video en Facebook, en el que vocifera mensajes de inconformismo con el Gobierno y asola una estación del sistema de transporte público de Bogotá, no puede ser calificado como un ejercicio legítimo de la libertad de expresión”. Además, anota que, a la larga y por lo que fuera, su comportamiento incitó a la comisión de delitos.

La condena está mediada por criterios jurídicos y de ley. No es comparatible con otras decisiones judiciales y menos es un mensaje de autoritarismo para sentar un precedente sobre el enjuiciamiento a los actos vandálicos, como editorializó un medio de comunicación. ¡No, hombre! Este hecho es un castigo en sentido de justicia por un comportamiento doloso, que no se matiza con disculpas públicas ni con el converso momento de vida de Epa Colombia.

La justicia colombiana está llena de puntos negros, de impunidad y desconfianza en las instituciones judiciales. El favorecimiento hacia algunos por la incapacidad para obrar con ecuanimidad duele profundamente y representa una especie de asimetría judicial que no cura heridas. Ahí estamos de acuerdo, pero es otro tema de hondo calado que no debería mezclarse con lo de Epa Colombia para no enredar la pita en la discusión pública. Pita que ya, de por sí, está bien enmarañada.

Por eso, sabios como el filósofo de Buga aclaran todo: Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa

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