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Lina María Múnera Gutiérrez
Columnista

Lina María Múnera Gutiérrez

Publicado el 09 de diciembre de 2022

Una mirada intimista

Muchos hijos pasan por la vida sin profundizar en la relación con sus padres. Llenos de recuerdos en unos casos, o tan solo con un par de ellos, dejan que los años transcurran sin encontrar respuestas a muchos por qué, sin sanar heridas o sin saber transmitir la admiración y el amor que les profesan a sus viejos mientras aún están vivos. Esta no es la historia de un documental que acaba de estrenar la plataforma Netflix tras su paso por varios festivales de cine. Se trata de Sr, el homenaje que el actor Robert Downey Jr, famoso por sus papeles como Ironman o Sherlock Holmes, le hace a su padre Robert Downey Sr, referente de la contracultura cinematográfica estadounidense en las décadas de los 60 y los 70.

Sr murió de Parkinson en julio del año pasado y esta historia, que fue grabada durante los últimos tres años de su vida, es un regreso personal y revelador a lo que fue la relación de ellos dos, cómo se hundieron y cómo sanaron juntos después. No se necesita tener antecedentes de su historia, aquí no hacen falta. Porque de lo que se trata es de entender cómo se crece a la sombra de una gran figura, de un artista irreverente y contestatario que, como dice Jr, probablemente fue un humano emocionalmente subdesarrollado, como tantos otros, que estuvo hundido en un remolino al que arrastró a su familia, pero del cual lograron salir todos ilesos.

Cómo supera un hijo el hecho de que haya sido su papá el que lo inicie en el mundo de las drogas. Y cómo habla de eso sin editar la realidad. ¿Es posible hacer la paz con esos años oscuros de los que es tan fácil no llegar a salir? Padre e hijo lo consiguieron cada uno con sus herramientas y sus propias tablas de salvación. El camino, tortuoso por supuesto, arriesgado como el que más, pero con una dosis de afecto infinito que se percibe en cada escena. Y con la convicción de que la adicción a las drogas no se puede contemplar con el estigma de la moral sino con la mirada amplia y generosa que debe tener la aproximación a una enfermedad mental. Porque eso es.

Hay dos cosas que brillan a lo largo de la hora y media que dura el documental. Una es el sentido del humor, inteligente, sarcástico y necesario, que tiende a desdramatizarlo todo, hasta la misma idea de la muerte que por supuesto está presente a lo largo de la película porque es la razón de ser, el principio y el fin. La otra es la ternura, serena, firme y audaz, que le da profundidad a toda esta historia y que a la vez explica cómo pudo sobrevivir su relación. Decía Oscar Wilde que en el arte como en el amor es la ternura lo que da la fuerza. Pues nunca mejor expresada esa idea que en esta historia que quiere encontrar respuestas antes de la última despedida, con respeto, con admiración y sin miedo a mirar atrás.

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