No despertó gran entusiasmo en Colombia la beatificación de Pablo VI, oficiada el 19 de octubre pasado por el Papa Francisco. De un plumazo parecen haberse borrado las emociones de aquel ya lejano, pero histórico agosto de 1968, en que un país enardecido de fervor recibió al primer Papa que visitaba a Colombia y, por ende, también el primero en pisar tierra latinoamericana, en un periplo que incluyó a nuestra ciudad, Medellín.
Resulta inexplicable que un pueblo, siempre orgulloso de su tradición católica, pueda olvidar tan fácilmente la importancia del capítulo de la historia de la Iglesia que se escribió en la visita del Papa Montini. Bien lo dice el periodista Javier Darío Restrepo: “Lejos de ser un acontecimiento solo político o social,...