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Diego Aristizábal
Columnista

Diego Aristizábal

Publicado el 14 de octubre de 2021

Untadita de pueblo

Ahora que estamos en campaña presidencial se repiten los lugares comunes. El asunto es que no sé qué tanto efecto logren los precandidatos para conectarse con el “pueblo” usando los artilugios de siempre. En estos tiempos todos son ciudadanos de a pie, escuchan con calma, se toman lo que bien les ofrezcan en cualquier rancho humilde, cargan al muchachito, todos están dispuestos a simpatizar, así luego, si llegan a ocupar la sillita presidencial, sus caminatas se reduzcan, por no decir que desaparecen. Hay que ver cómo en Palacio se infla no solo el ego. Conversar por la calle con un presidente se vuelve imposible, la espontaneidad se pierde, incluso la montadita en bus queda en el pasado, apenas una linda foto de aquellos días cuando por unos minutos se vivió el vértigo de lo que vive el pueblo todos los días del año.

Y me detengo en esta última acción: montar en bus en tiempo de campaña. ¿Para qué? Sea Transmilenio, metro o un simple bus, el efecto esperado resulta contraproducente. Más que un acercamiento social, se vuelve hasta molesto, porque hay que ver a ciertos precandidatos sentados mientras el “pueblo” está atrás más apretado que nunca. A mí me da risa, y también un poco de rabia. No tienen que hacerlo. “Yo monto para saber cómo vive la gente”, dijo uno de los precandidatos en estos días. Qué belleza, tan considerado, “la gente”, ¿y los políticos qué son?, ¿no son gente? Desde luego que no, ellos jamás usarán un sistema incómodo e inseguro, ellos van en sus burbujas haciendo a un lado a “la gente”, esa que también va en moto o a pie.

Montar en bus en tiempo de campaña se vuelve una aventura. Me los imagino emocionados en el desayuno contándole a la familia la peripecia que harán. Untarse de pueblo, de vez en cuando, es emocionante. Lindo sería que quien llegue a la presidencia tuviera conversaciones cercanas en los parques, en los cafés, en los sistemas de transporte público, en una biblioteca, pero, qué va, en un país como el nuestro, inseguro, hostil, cargado de miedo, eso es imposible, y por más que quieran revivir la aventura de montar en bus su equipo de seguridad no lo permitirá. Entonces, ¿para qué burlarse de la gente que tendrá que seguir apretándose durante horas para llegar a casa? No es solo cuestión de estar unos minutos con el pueblo, es brindar confianza, respeto, demostrar que las cosas sí pueden cambiar en un país como el nuestro. Próxima parada: Ya veremos 

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